Las ganas se han vuelto pesadas.

 

Comienzas a leer aquel libro que tenias olvidado en esta tarde donde sigues pensando en sus delicadas manos, en sus gestos, en esos ojos que brillan como si la eternidad te llamara, recorres cada escena con disimulo, arrumbas el libro, sigues clavando la atención en todo lo que en silencio has dicho, sales corriendo para ver si percibes una señal que pueda compararse con un milagro, pero la paciencia te pone el pie. Sientes algo extraño en el pecho, imaginas como la margarita se va deshojando cada vez que su presencia invade lo que es el paraíso idóneo y en verdad quisieras que llegara y te mirara con esa fuerza indescriptible y te pusiera nervioso.

Dosificas la desesperación, cortas aquellas verduras con dedicación, miras el reloj como si esperaras algo, caminas en círculos, vuelves y tomas ese libro y nuevamente lo dejas en paz, revisas tus correos con tal de tener entretenida la mente, bebes de aquel vaso de una forma sutil, imaginas sus labios y sus movimientos seductores, recurres al ejercicio de escribir historias con un suspenso remarcado, la inquietud te quema y te hace revivir la emoción que te revuelca y te hace sonreír como un loco irreverente. Quisieras saber más de su vida, quisieras que te contara con calma que piensa de la imperfección de la humanidad, saber cual es su color favorito, disfrutar de un café sin las mentadas prisas, necesitas sufrir un adiós y esperar a que regrese para que te siga contando sus historias.

Te inventas lo que no sabes. Te rindes y te pierdes en los sueños inesperados de la noche, de repente cuando el insomnio te vence escuchas música que te inspira a que la espera sea serena. Sientes como la obscuridad de abraza, te consuela y te rebana a su antojo, todo te da vueltas porque la madeja de pensamientos es grande como esos atrevimientos que han quedado en suspenso. Quizá tengas miedo de ser obvio ante lo que acontece y no podrás sostener, porque las ganas se han vuelto pesadas y tus argumentos han ganado terreno en lo que te queda de corazón, te sorprendes y te enredas en el gusto que te provoca, esa es la verdad y no hay otra cosa que discutir.

Aquel libro, sigue olvidado y esperando a que te animes a salir al mundo. Te lavas la cara, te das unas pequeñas bofetadas y sonríes, es el momento en que se debe abrir la puerta y se debe clarificar el sentimiento que ha intentado huir, es el instante para entonar la canción que por días has ensayado en la cabeza, debes de entender que lo que sientes es tan verdadero como el aroma a pino que embarga las calles en diciembre. También en el silencio hay respuestas, en los abrazos hay palabras, en los pasos titubeantes hay razones, en los latidos hay esperanzas, entonces no hay miedo que retumbe, ni que proceda.

La atracción es poderosa, es un verso amable que convence hasta los que tienden por estimar a la amargura, hoy es un día soleado y deseas encontrar el chance para sentir esa mirada imponente y buscar la forma de expresar la gentileza que recorre el alma con tan solo estar ahí frente a frente. Debes aliarte con la paciencia y esperar las respuestas, debes volverte compañero leal del atrevimiento y sin excusas debes creer en lo que te impacta.

Lo observas y el tiempo se detiene, lo escuchas y la alegría aparece, es de carne y hueso, es un ser de luz que ha pasado por lo que parecía un pedazo de tierra aislado y abandonado, pero abres los ojos y todo está reverdeciendo, porques es vida, porque simplemente ha llegado.

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