Página setenta y siete.
Durante diez minutos el teléfono no ha parado de sonar, quizá sea la
llamada que tanto esperaba el día de ayer, pero al final nunca llego y hoy no
estoy para nadie. Me siento exhausto después de terminar veinte cuartillas intentando
salvar al personaje principal de una muerte cruel, fue imposible, estaba al
borde de la desesperación, su dolor era inminente, no tenía otro opción y decidí
terminar con su infeliz existencia, confieso que llore y me puse a meditar sobre
una posible salvación, pero determine que no se lo merecía, que fue un canalla,
que era un testarudo en potencia, que no era bueno, que había labrado su
destino desde la página setenta y siete cuando opto por destruir lo que había construido
con un acto desmesurado de violencia y engaño.
El teléfono sigue sonando. ¿Quién demonios será? No tengo la intención de
ver el identificador de llamadas, además que estoy muy lejos del aparato telefónico,
tengo dos horas recostado en este sofá que tiene un olor a melón con cierto
rastro de tabaco, realmente estoy cansado y harto de definir el terrible final
de esta narrativa caótica e ingrata. Cuando comencé a escribir esta historia
estaba pasando por un momento fatal, había regresado de un largo viaje por Panamá,
según me fui para olvidarme los recuerdos y resulto todo lo contrario, fue una
sacudida emocional gigantesca, necesitaba alejarme de los cuestionamientos y del
itinerario frívolo, pero no contaba con encontrar verdades que no supuse en
este rompecabezas que me tiene en los huesos. Ahora estoy de regreso y debo
retomar mis múltiples actividades, presentarme en la redacción y ser testigo de
que todos me extrañaban, ya han pasado seis meses desde aquel día trágico y la
tristeza todavía se me nota, pero eso no es impedimento para seguir respirando.
Al despertar comienzo a rezar unos cuantos padres nuestros, es una forma de
sentir la presencia divina de mis creencias, es una manera de explorar mi mundo
desordenado y saber que esta soledad es producto de mis decisiones, que todavía
tengo muchas cosas por ofrecer, que me encuentro en una edad donde puedo generar
lo que yo quiera, que tengo la fuerza necesaria para crear lo que se me venga
en gana. La verdad no quería regresar, solo de pensar que la sociedad esta
enardecida, esta inquieta y rota, me da un poco de miedo encontrarme con
alguien cegado por la ira, inundado por el hartazgo y sometido por la
calamidad, es un temor que no me deja dormir, pero aquí está mi vida, aquí esta
todo lo que me espera, aquí están mis amigos, mis aventuras, en un pequeño
trozo de mi corazón extraño mis excesos panameños, esos que eran placenteros y efímeros,
esos que no se encuentran en cualquier boulevard.
Tengo que aceptar mi realidad y retomar un sinfín de finales que deje
pendientes, de un ciento de cuentos, necesito averiguar si estuvo bien terminar
la novela con una muerte indeseable, requiero un poco de tiempo para saber que
todas las atrocidades cometidas por ese personaje estaban justificadas, es
importante reflexionar sobre lo bueno y malo, quizá ahí este la respuesta a
todas las interrogantes. El teléfono no suena más, que alivio para mis oídos, no
dejare que la incertidumbre me gane, me levantaré de este sitio solo si la
alerta sísmica se activa, no hay poder humando que me haga correr, quiero solo
dormir, quiero dejar morir en paz al personaje que tantas veces se burlo de sus
amantes, de sus socios, de sus pilares, no realizare correcciones, así se queda
y así se publicara.
Ya mañana será otro día.
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