Escarbemos.
Una
dosis de humildad es la que nos falta devorar en estas horas de incertidumbre.
Nos creemos el centro de atención al menos eso pensamos cuando nadie tiene ese título
tan codiciado aunque el esfuerzo sea exhaustivo. Pensamos que somos el eje
fundamental de la vida de los demás cuando solo somos seres que lo complementan
en los momentos que los personajes lo quieren.
Cada
quien tiene el derecho amplio de hacer y deshacer, de realizar lo que les
plazca porque vuelvo al bello concepto que dice que la vida es una y no sabemos
con exactitud cuánto tiempo nos pertenece. Tenemos el poder de decidir si
queremos estar o nos ausentamos, no debemos sentirnos obligados por ningún motivo
y esto debe ser respetado de forma plena aunque genere desacuerdos o criticas
duras, no podemos ser masoquistas de las circunstancias y después vociferar las
consecuencias cuando siempre las tuvimos presente pero hay quien no comprende
esto que es tan básico y ahí va cada vez que le llaman sin cuestionarse.
No
podemos cumplir los caprichos de los demás cuando en ocasiones no cumplimos los
que de repente nos nacen en el alma, a veces la disponibilidad es nula por
cuestiones que no debemos andar contando porque son personales e increíbles. La
empatía es la que escasea cuando la necedad es un gigante invencible, es esa
avalancha grosera que intenta lastimar por todos los medios existentes y que no provoca ni un solo rasguño porque la
firmeza está de pie creciendo con razones esplendorosas.
Escarbemos
en nuestros episodios grises, cuando nos sentimos derrotados, con los ojos
llorosos, impotentes, ansiosos, ubiquémonos en esos instantes donde no vemos
luz que ilumine la salida y después trasladémonos a los minutos gloriosos, de alegría,
de buena compañía, de risas interminables, cada situación nos han dejado aprendizajes infinitos,
recuerdos imborrables y debemos de reconocer que todo nos ha llevado al punto
donde hoy nos encontramos por eso debemos estar seremos de nuestras decisiones
y decláranos fuertes para lo que venga.
Toma un
puño de humildad y comételo sin miedo a enfermar, toma un sorbo de empatía y
comprende el estado de ánimo de los demás con mesura y en silencio, desenreda esos nudos que tienen atado el
entendimiento y la claridad. No ignores a nadie por simple capricho, no digas
palabras que después te harán probar la contradicción, no apuñales sin compasión
cuando hay cosas buenas que están floreciendo en ti. No todas las veces estaremos a gusto en cierto
lugar, con algunas personas, quizá no estaremos de acuerdo con las opiniones, entonces pues decidamos o respetemos sea cual
sea el caso y continuemos dejando fluir la generosidad.
Acomodemos
nuestras prioridades de forma justa, seamos agradecidos con aquellos que nunca
nos soltaran aunque existan diferencias, Encontrémonos en ese punto donde
debemos sembrar para cosechar, no retrocedamos aunque el miedo nos amenace,
creamos en nuestro potencial como seres humanos y seamos políticamente correctos
cuando la circunstancias nos lo pidan a
gritos.
Siempre
hablaran para bien o para mal pero eso es
un aviso que estamos con vida, tengamos presente nuestro ideal, nuestro
proyecto, nuestra convicción de ejercer, nuestra oportunidad de poner nuestro
granito de arena. Podremos fallar pero también
tenemos el chance de rectificar sin complicaciones. Tenemos tanto para seguir
amando, para sorprendernos, para escuchar nuestro interior sin interferencias,
no perdamos el piso por suposiciones absurdas tiremos esa tonta muralla que nos
hace creer el centro del universo y que solo nos lleva al pantano de idioteces
e incomodidades.
Mantente donde te sientas a gusto, donde está la gente que
quiere que estés y que mueran las
intrigas desde su primer intento.
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