Dulce sobriedad.

Mis tantos logros hoy están reemplazados en la alacena por cuanto antojo mi cuerpo me pide, hoy mis sueños se han convertido en golosinas, hoy ya no juzgo  que es lo que me llevo a la boca, después de dedicar dos décadas de mi vida  a la belleza que todos desean y  la mayoría no se sacrifica por tenerla.

Hoy mis citas no son con fotógrafos, expertos en la moda o  periodistas dedicados a lo que pasa en las pasarelas, hoy mi tiempo se cubre entre especialistas de la medicina que intentan bajar los números de la admirable bascula que me carga sin ningún temor y me grita con la razón que a mi me falto en estos últimos tiempos la pesada realidad que hoy  es tajante.

Me dedique a verme bien pero no me ocupe de sentirme bien, Me encargue de ser reconocida y de no importar que sacrificios tenía  que hacer para sobresalir ante los demás, aprendí a ejercer el hambre por convicción y jamás me puse a reflexionar en el fondo de la acción.  

Hoy mírame con este atuendo que cubre mi cuerpo porque ahora me da pena mostrarlo al mundo, porque no imagine las consecuencias de mi extrema dedicación al arduo trabajo que hacia día tras día. Estas cuatro paredes me han escuchado llorar y gritar añorando que vuelva el pasado en conclusión nada será como antes aquella línea que era ahora es una o por lo redondo.

Ahora salgo disfrazada de no sé qué para no ser reconocida, ahora mi instinto de la gula me exhorta a ver aparadores de todos aquellos postres cuando deberían de ser de ropa de la temporada, ahora todo lo que bebo forzosamente debe ser con sustituto de azúcar y lo que como bajo en grasas, y en ocasiones mi sonrisa de resignación no falta porque concluyo que esto ha sido parte de mi vida.
Mi obeso ego ahora me recorre todo el cuerpo y mi soberbia solo la puedo dejar en libertad cuando veo mis fotografías con la soledad que me hace pensar que todo lo que dedique no fue en vano y me doy cuenta que sigo siendo la misma solo que en un espacio que no había explorado, que si no tuve familia es porque no tuve tiempo para mí y que deje escapar el amor en unos cuantos viajes a París o Nueva York.

Mi guardarropa esta inerte, ahí se encontraban miles de prendas que me vieron emerger en un mundo lleno de grandes momentos pero de enormes vacíos, de palabras efímeras e hipocresía contundente, ahí estaban cada par de zapatos que me llevaron a lo que no imaginaba seria mi vida y a lo que ahora es. Ahora estoy en la dieta más rigurosa de mi vida que especifica  desechar esos pensamientos de altiveza y  me instruye a aceptar mi presente.

Por eso hoy puedo levantarme de esa cama y mirarme el espejo, y decir que soy Eliza Crown, una mujer que conquisto sus sueños con cientos de sacrificios y que sigue sacrificándose para mantenerse a flote contando su historia sin miedo. Hoy puedo confesar que cometí el error de burlarme de la sobriedad que tanto ame por tantos años y al final desate   la infidelidad más atrevida y única en mí vida al  comer, beber, probar y hacer todo aquello que según mi ética no era correcto.


Ahora mírame deje de ser inspiración para un tal Dolce y ahora soy la musa de un tal Botero, y todo esto te lo cuento tomando un café extremadamente endulzado y devorándome un trozo de pastel de chocolate.

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