Qué bonito.

Qué bonito seria observar la esencia de una persona sin adornarla con todo lo que el mundo material nos ofrece. Qué bonito es abrir las puertas de tu historia y te den de corazón un lindo punto de vista.

Cada persona tiene un estilo para plasmar su sello en sus diversas actividades y así los complementos se van encontrando para fortalecer e impulsar el crecimiento de personajes que nos pueden llevar a distintos lienzos para darnos cuenta que tan efímeros somos y que tan exagerados podemos ser. No quiero ser cómplice de la dureza con la que conduzco mi vehículo de experiencias acumuladas, no debo restar importancia a lo que me está dando señales claras, no deseo condenar la actitud de alguien ante el presente que nos envuelve y que nos favorecerá en el momento oportuno.

Todos luchan por sus razones y todos quieren ganar aunque la probabilidad de  esto es complicado, todos quieren ser el eje de atención de un espacio contaminado por los actos de indiferencia que consumimos entorpeciendo la única posibilidad de despertar de un sueño ambiguo y poco espiritual. Encuentran nuestros defectos como si estos valieran una fortuna, nos los avientan en el rostro para desfigurarlo y después vuelva a tomar forma de una remota esperanza. Qué bonito suéter, que bonita cartera, que bonitos lentes eso es lo que luce a primera vista cuando lo que debería trascender es el brillo de los ojos de esa persona que tiene mucho que expresarnos y concluir que todo lo que llega a nuestra vida es para enriquecer el alma.

Adornamos hasta el retrete cuando lo que deberíamos hacer es desnudar nuestros pensamientos y consentirlos para que nos den las respuestas directas, nos muestren esos huecos que tanto hemos querido rellenar con ilusiones, anécdotas, sonrisas fingidas, mentiras piadosas y maldiciones sinceras. La opacidad con la que nos conducimos es gracias a las apariencias que el mundo ha levantado como si estas fueran Las llaves del éxito y lo único que nos llevara a la cima anhelada. Después descubrimos que hay muchos caminos para llegar al punto codiciado y es cuando nos damos cuenta que los años nos vuelven sabios y en ocasiones insensatos.

Qué bonito es encontrarse con la verdad y la fuerza gravitacional que te haga regresar al suelo para que te des cuenta de cuanto poder tienes con tan solo pestañear y sonrías al saber que la felicidad es un artefacto que tú vas armando con paciencia y con la virtud de tus vivencias. Es sorprendente que el amor es un símbolo abstracto que está presente hasta en aquella acción tan cotidiana, el amor es un gran coctel de frutas donde inesperadamente el kiwi es la razón más estrecha a las locuras y en la fresa encontramos la acidez que se añade a lo increíble del tiempo.

Qué bonito es ser puntual a las citas que nos darán una lección pero también hay que conocer la impuntualidad y aplicarla cuando añoramos ser eternos, hay que evadir esa cita que es la que tenemos segura, lo cierto que en algún  momento no saldremos victoriosos por eso hay que ser seres cálidos y gozar cada momento. Ya viste todas esas luces que adornan tu alrededor y ahora reflexiona que es lo que te quieren decir cada vez que se apagan y prenden, encuentra la finalidad de rimbombante lapso luminoso y saca tus conclusiones.

Qué bonito es poner punto final a lo que ya no nos brinda alegría y persistir en este sitio de movimientos constantes. Entonces quítate tus adornos, apaga las luces y busca tu corazón.



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