El rozagante elefante.
Una noche me perdí
entre las sabanas frías con la encomienda de ir a buscar una tolvanera de
sinopsis increíbles que me pudieran trasladar al punto en que alguna vez partí
para no regresar.
Pareciera un cuento
de nunca acabar cunado descubro como el rozagante elefante del ego destripa
todo personaje que se topa a su paso veloz y despavorido para introducirse en
esa selva repleta de mandriles que solo sueñan con conquistar el arroyo de agua
dulce que corre a lo ancho y largo de una isla irremplazable. Las guacamayas
emiten sus clásicos sonidos anunciando el fin de un ciclo, advirtiendo como los
leopardos querrán adueñarse de lo que está intacto. La luna anuncia una noche
feroz y caliente donde las luciérnagas harán un festín de pasión iluminando lo
que puede ser una realidad cargada de suspenso.
Los instintos estarán
despiertos para confrontar las amenazas de aquellos colmillos filosos y de
aquellas garras ansiosas esperando el momento para atacar y dejar en evidencia
que somos un mundo de fragmentos inspirados en ilusiones e ideales. Ese corazón
terminara estallando por la adrenalina que no permite caer en parálisis y
alumbra todas las rutas de escape. El elefante caerá de cansancio al no saber qué
camino seguir, nada podrá dominarlo en caso de que vuelva a despertar ya que el
ego es un mecanismo que puede alterar todo escenario hasta destruirlo.
Los mandriles estarán
observando, se mantendrán al acecho si ejércitos de extraños sujetos
pretendieran cruzar esa línea divisoria que es muy delgada, estarán preparados
para morder hasta matar todas las intenciones y planes de inocentes que solo
quieren soñar en aquel paraíso lleno de ciertas oportunidades. Algunos
dinosaurios saldrán de la imaginación de aquellos que quieren el poder, los
camaleones no contaran con un camuflaje que los haga pasar desapercibidos, las
golondrinas volaran desesperadas y las hienas como siempre estarán ahí honrando
a la paciencia.
Esas sabanas se convertirán
en un océano peligroso con corrientes indescriptibles que nos llevaran a las
costas de una región desconocida para los sentidos perturbados por aquel
bullicio animal que hace que los individuos caigan insolentes y enloquecidos,
sin comprender cuál podría ser la cura. La tolvanera me desnuda segundo a
segundo dejándome un cuerpo entumecido y estrujado, mi memoria es corta gracias
a la turbulencia de este vuelo obligado, la confusión es una presencia
constante y aquellas trompetas son solo el llamado de los elefantes que van
despertando para continuar con la búsqueda del ciclo cabal que pone nervioso al
capataz de estos cuentos inverosímiles.
No encuentro la
forma de regresar en este mundo repleto de espejos, no entiendo cómo me he
convertido en un ser alado, con rostro inflamado y piel obscura, quizá es
resultado de las contusiones a mis pensamientos, de las pequeñas fisuras a mis sentimientos
y de las calamidades que han penetrado a mis emociones. De repente un grito
ahogado me hace percibir el aroma de aquella habitación y la dureza de la
almohada que me acompaña todas las madrugadas, me siento pesado, lento y con una
resignación al cautiverio.
Comienzo a sudar
pues descubro que mi cuerpo es grisáceo y voluptuoso. Busco aquellos espejos
pero ahora son paredes color verde, quisiera reír pero emito un sonido que no
es familiar para mí, no tengo ni pies ni manos pues lo que observo son una
patas. Empiezo a moverme lo más rápido que puedo para acercarme al lago y la
sorpresa es que soy un ego gigante, un elefante que debe buscar la salida entre
respuestas y confabulaciones, entre repentinas alteraciones del humor y la
inconciencia del amor que en su momento puede ser salvaje.
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