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En aquel vapor.


Aquel lugar hervía entre siluetas y un silencio que producía un éxtasis de descanso.  Aquel sauna parecía el escape de muchas frustraciones y deseos, mentes perversas y cuerpos en una sintonía de búsqueda.

Entre el vapor las manos parecen extraviarse sin querer y los rostros no contienen vergüenza y desconocen el pudor, es en ese lugar donde no existe el corazón porque la carne puede ser débil o el alma muy fácil de rasgar al grado de pisotear sentimientos y truncar posibilidades por un simple momento de pasión ambigua. Las toallas son los tinteros que nos pueden contar cuantas derrotas y triunfos se pueden alcanzar en una tarde de romper el respeto porque la sangre acalambra la razón con una efímera ilusión que termina en un suspenso y en una disimulada sonrisa fingida.

Cuantas mentiras se van por la coladera mientras los millones de poros están ocupados en una travesía monumental donde las palabras no son necesarias al menos que algo despierte el pensamiento para conocer más allá de ese físico ultrajado en un acuerdo clandestino y en un sudor mezclado con ironía y sarcasmo que nace después del acto.

Después aquellos bultos salen de la masa de vapor denso para ir a buscar con que taparse porque la pena les envuelve la mente y las miradas se esquivan como si el pecado hubiera atravesado un lienzo puro pero que está repleto de travesuras y encomiendas disfrazadas. Hay personajes que no les importa un bledo traicionar sus márgenes con tal de conseguir el ansiado placer y acumularlo en su larga lista de victorias carnales como si eso fuera una gloria inmaculada. Ese vapor seduce sin encontrar escalas de buenas costumbres, ese calor penetra con saña, esos lapsos de claridad solo confunden para cautivar a la presa y dar el primer zarpazo.

 Ese espesor hace creer que todo es desechable cuando hay un sentido humano que debemos descubrir con paciencia y amor verdadero. No podemos abusar de la confianza de los demás mientras no nos ven, no caigamos en justificaciones, no revivamos dolores, no distorsionemos los buenos sentimientos. Sequémonos el cuerpo con esa dignidad que en ocasiones corre al ver una tormenta acercarse, imploremos el perdón de todo aquello que hemos hecho con tal de conseguir lo que queremos, salgamos de la concentración de sobresaltos y ubiquémonos en el mundo real.

No busquemos pretextos para quedarnos en ese vapor y entablar un dialogo de manoseos obscenos y finales que al parecer son felices con un profundo sabor amargo, no escatimemos la inteligencia de los demás cuando la obviedad es espeluznante. No quieras comerte el mundo a pedazos cuando los días solo tiene veinticuatro horas y los años trescientos sesenta y cinco días.

En aquel vapor mis personajes no tienen nombre, tu les pones el que mejor les convenga para que la historia sea rica en suspenso y en acción, para que las susceptibilidades puedan resistir todo lo necesario antes de llegar a las conclusiones. Estos personajes pueden ser inocentes o expertos en el arte del engaño, seducción o escarmiento pero no dejaran de ser humanos como tú y como yo. Trasládate al sitio y descríbelo con prudencia y merodea todo rincón hasta quedarte perplejo de lo que puedes ver y sentir.

Quizá algún personaje se sienta arrepentido por su atroz actitud y es posible que la debilidad sea grande y regrese al laberinto de emociones de aquel vapor de muchos ruidos y pocas palabras. Es así como la hora de cerrar llega y todos tienen que salir despavoridos a su vida habitual donde todos se rigen por normas y estereotipos esperando encontrar un atajo que los haga volver al lugar de los contornos insaciables.

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