El último pedaleo.


Tomo una bicicleta y voy rumbo a casa de los amigos que han hecho de este año algo digno de recordar. Subo y bajo, esquivo baches, me detengo para no ser atropellado y no me detengo hasta saber que estoy cerca de esos individuos extraños pero fraternales, porque no hay imposibles para no verlos, quizá haya un ciento de excusas pero esta vez esas morirán con sus malévolas intenciones.

No necesito cuatro llantas, solo dos para llegar y encontrar razones de prosperidad, buenos deseos y palabras sinceras. Sudo sin parar, los rayos del sol son contundentes en mi actitud pero no dejare que nadie se interponga en la fascinante aventura de llegar a la sombra hogareña que me espera.

Un año de muchos obstáculos y tentáculos que quisieron asfixiarme pero con inteligencia fueron superados, la astucia resulto efectiva para indagar que es lo que necesitaba para no intoxicarme con polémicas innecesarias, quite la atención a lo que de plano no tenia consistencia, impuse mi deseo de estar bien y no morir en la controversia con huecos que solo son desestabilizadores absurdos.

Tengo que respetar los semáforos para no entrar en problemas y provocar accidentes que trasciendan y arruinen lo que queda en este bello trayecto. Observo los enormes edificios y concluyo que no somos nada en medio de tantas revueltas que nos pueden condenar al fastidio de la razón y de los repugnantes juicios que nacen por simple especulación y amor a la tormentosa suposición que solo daña lo que marcha en un significado de bien y de entendimiento.

El cansancio es evidente pero me faltan algunos kilómetros para frenar y descansar, quiero conversar de los propósitos que tengo para los próximos meses, quiero compartir lo que en abundancia ha llegado  a mi vida, necesito convivir una vez más sin pensar que mañana quizá no estaré.  Solo quiero permanecer quieto e imaginar la brisa del mar que enjuagara todos mis pensamientos dejando lo bueno y llevándose lo malo, quiero quedarme por unos minutos  en silencio para no entorpecer el buen ritmo de la ruta que he tomado.

Hago el esfuerzo necesario para no perder el equilibrio y sumarme a las personas que tiene causas que hagan la diferencia y quieran abordar temas que pueden herir susceptibilidades pero que no pueden seguir existiendo, quiero estar con las personas que realmente tengan anhelos firmes, que sepan que es lo que quieren y que no tengan argumentos ocultos para atacar y lastimar. Me hidratare para soportar aquel tramo sinuoso que tiene curvas peligrosas y después al paso del tiempo habrá niebla densa pero no durara mucho porque pondré vigor para alejarme de ella.

El aire me pega en el rostro y solo siento el frío que me hace despertar de esa zona cómoda con la que en ocasiones observo la vida, me somete a cuestionamientos extremos y me impulsa a perseverar sin tregua. La severidad llega a mis piernas y parece que me desvaneceré porque no aguanto más, he dado todo en esta ruta de locura y transformación.

Cuantas veces sea necesario andaré por este camino y me atreveré a explorar nuevos, me fijare bien en los señalamientos, parare cuando  mi cuerpo y mente lo necesiten, tomare las previsiones para estar atento a lo que viene y me divertiré disfrutando del camino. Si caigo y me raspo comprenderé que es parte del viaje, si me pierdo por alguna circunstancia habrá almas buenas que me rescaten y llegare al destino final dando todo en el último pedaleo de este enloquecido sendero, para llegar a tiempo y gozar de aquel sitio que está lleno de aprendizaje  y de buenas personas.

Mi afán es tener la buena voluntad para comprender una vez más  que la prudencia, el respeto y la simpatía puede más que lo que es absurdo e insultante.  Todo está en el equilibrio que le demos a las situaciones, no se trata de dar la razón o no, solo es poner de manifiesto la cordura y la intención de estar y sentirse bien.



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