En el dos mil veinticuatro.


Vivimos en el  dos mil diecinueve y mira  estamos de pie con todas nuestras fortalezas y debilidades. La esperanza es una especie de fórmula que mueve masas para encontrar un rumbo que va cambiando conforme los acontecimientos que se presentan, los desamparados quieren ver crecer oportunidades y tener un trayecto que dignifique su presencia en este universo saqueado por malandrines y demagogos.  Llego un ente que manifiesta en todo momento la clara idea de divide y vencerás cuando el prometió reconciliación, un caos hierve en un escalofriante escenario donde todos se cuidan las espaldas y se aguantan sentir la desilusión.

Los que han tenido dinero por años, seguirán buscando la manera de generar más, sin importar los procesos. Los que han sufrido carencias seguirán pensando que esto cambiara y su actitud trabajadora hará que todo sea  distinto. El estire y el afloje de conceptos han dejado una franca división que no ayudara al crecimiento de una sociedad cansada, sumisa, callada, avergonzada, golpeada, pues ahora el que lidera la orquesta quiere tocar al son que mejor le parezca sin estudiar las consecuencias, sin reflexionar los estragos.

En el dos mil veinticuatro seremos un país, con refinerías, trenes, caminos espectaculares, escuelas dignas, atención a la salud de primer nivel, políticos honestos, una taza de corrupción bajísima, habrá equilibrio y todos tendremos una mejor vida, existirá un orden en todos los sentidos, las leyes se aplicaran con rigor y como debe de ser, los combustibles tendrán un precio nunca antes visto, las relaciones diplomáticas serán excelentes, tendremos condiciones favorables y precisas, no habrá de que preocuparnos, pues si las cosas no nos agradan tendremos un aeropuerto maravilloso para tomar el primer vuelo para ir lo más lejos que queramos. Ya me vi, feliz y etéreo caminado por lugares inimaginables y con una tranquilidad exagerada.

El hambre será cosa del pasado, la pobreza será parte de esa historia donde fuimos burlados por gobernantes sin corazón y con tremenda ambición, la libertad de expresión estará garantizada, no veremos desigualdad en ningún rincón, tendremos seguridad de respirar sin que el miedo nos aceche, para ese entonces la cultura del ahorro tendrá frutos en nuestra vida y podremos darnos gustos inverosímiles. Anhelo con que llegue el dos mil veinticuatro y disfrutar de todo lo que se construirá a marchas forzadas pero valdrá la pena.

Sea cual sea nuestra ideología, estaremos unidos, la violencia será esporádica. Todo lo inconcluso estará terminado, con acabados que causaran asombro. Nuestra quejas se quedaran en un libro que jamás se volverá abrir, la oposición estará ahí vigilando que haya algún error para poder opinar, pero no será necesario porque todo marchara de una forma idónea y justa. Las personas cambiaran al punto de que antes de ver por sus intereses pensaran primero en el prójimo, será un mundo ideal, seremos ejemplo para todos aquellos que dudaron.

Las crisis ya no serán el pan de todos los días. Hasta querremos que nuestros muertos vuelvan a la vida para que también disfruten de las mieles de lo sublime y lo que bondadoso de esos tiempos extraordinarios. Todos estaremos comprometidos con los valores y las razones para que la transformación no se desmorone, ni sea una especie de pantomima. La reconciliación será una realidad y ese temible escenario estará iluminado plenamente para no perdernos en caminos tenebrosos.

En cinco años cada uno  de nosotros seremos diferentes, pues las arrugas nos recordaran el paso del tiempo y ahí nos daremos cuenta que tanto ha sucedido en un país donde reina la memoria corta, donde no pasa nada y donde la cultura del esfuerzo todavía es una utopía arraigada en cada ser que despierta para ver la conferencia matutina de ese ente que sigue dividendo en vez de sumar.  


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