La irrupción.
Los ignorantes
caminan sin comprender el sentido de la distancia y se manifiestan sin pedirlo,
contaminan el escenario y no hay un remedio que los desaparezca porque son incrédulos
de lo que acontece. La espera es interminable cuando escuchamos la catástrofe
que nos envolverá y nos obligará a cambiar todas nuestras maneras de
desenvolvernos, nos encumbrará en una toma de decisiones insólitas y no habrá tiempo
para meditar.
No queremos ser
obedientes y nos asomamos con la esperanza de que todo sea una mentira, nos
engañamos por instantes para sentir la satisfacción de lo que era rutinario, nos
resistimos a tomar formas que no queremos, inventamos planes siniestros para sabotear
lo que nos amenaza y nos quedamos perplejos al observar como la insensatez atropella
todo esfuerzo.
Hay inconscientes
que siguen como si todo fuera un juego. Mira como aquellos incomprendidos van
escupiendo y hablando sin los cuidados establecidos, mira como no hay un
respeto por los demás. Si perdemos la batalla, no habrá forma de recuperarnos,
no existirá un mañana que nos de la dicha de sonreír, en esta realidad no hay ventajas
para ninguno de los involucrados. Los osados siguen haciendo lo habitual, sin
miedo a perder lo mas valioso, los atrevidos van y vienen, sin hacer una reflexión
contundente, solo se molestan si hay algo que les incomoda.
Agradecemos siempre
que nos agarra la noche, por un día sin contratiempos y con el puntual reporte
de que todos nuestros seres queridos están bien, eso nos deja tranquilos, para
tratar de conciliar el sueño, eso es lo que basta para no entrar en pánico. Estamos
dentro de una pesadilla y hacemos todo lo posible para que esta no se complique,
buscamos una manera de escape, distribuimos nuestras ideas, invertimos el
tiempo en no caer en exageraciones y comenzamos por quitar del camino lo que
nos estorba. Queremos volver cuanto antes a lo que dejamos en pausa,
necesitamos respuestas y proyectar lo que requerimos para tomar ritmo. Tendremos
que recuperar esos motivos que están dispersos, debemos retomar las razones que
nos impulsan y abrazar a todos aquellos que amamos.
De forma paulatina nos
daremos cuenta de los cambios. No creas que encontraras todo igual, no pienses
que el mundo te espera para continuar, tendrás que descubrir la formula que te
haga encajar en el espacio que dejaste y que ahora es diferente. Habrá que
empezar muchas cosas, ponerse al día de todas las cuestiones y enterarnos de
situaciones que quizá nos dejen con sentimientos encontrados. Se forjarán
nuevos vínculos, otros se romperán y las conclusiones serán tajantes. Los días pasan
y esa fecha tan anhelada llegara y es cuando esas fuerzas contenidas saldrán para
saber que ten capaces somos para salir adelante.
La irrupción de algo
desconocido, nos hizo despertar, madurar, pensar, motivar, encarar y superar una
infinidad de miedos, el hartazgo nos acompaña para entender que las cosas deben
y pueden cambiar por el bien de todos los que formamos una comunidad. Como individuos
tenemos la responsabilidad de tener esmero en cada una de nuestras acciones y gozar
del tiempo presente.
No violentes lo que
mereces de forma indudable, serena las emociones con un poco de música, de
lectura, de conversaciones profundas, deja que cada quien se enrede y se desenrede
al final todos tendremos anotado que estamos haciendo bien y mal. Pronto volveremos
a la vida cotidiana, sabremos que tanto nos altero y que tanto nos dejó esta
revuelta inconmensurable.
Desintoxícate de
aquello que crees que te persigue para despedazarte. Resuelve todo lo que
tengas pendiente y regresa con un semblante retador, pero con pensamientos renovados,
con un corazón bondadoso y encomiendas que vengan desde el interior.
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