Nuestra relación con el mundo.


Un espiral de colores se mezcla con ese semblante desquiciado, que no encuentra un motivo para continuar en este camino de angustiosa espera. Te han secuestrado los seres enmascarados, te han llevado a la mazmorra de la incógnita infinita, donde encuentras un ciento de espinas, observas esqueletos sin una forma específica, las hormigas están haciendo su festín y la pereza te controla con todas sus fuerzas.

Las horas pasan y no dejas que el tiempo te someta con esos látigos de pensamiento constante, corres hacia donde encuentras destellos de luz, el mareo es un síntoma que te deja confuso y perdido en un largo túnel de intrigas. El cielo parece nublarse porque perdemos en un mundo donde la consigna es ganar, donde la desgracia es un lamento irreversible y donde la devastación no establece una tregua. Hay quien le gusta jugar sucio, realizar comparaciones, poner el pie a los que están en la misma lucha, buscar la manera de destrozar y acaparar lo que no les corresponde.

Triste saber que algún punto de la espiral hay personas que son aliadas de la alevosía y de la concentración de aspectos negativos para truncar trayectos, pienso que es difícil subir escalones sin tener el corazón depurado, sano, blando ante lo que les pasa a los demás. Algunos no temen a lo que pueda pasar y salen a cortar cabezas con tal de tener sus arcas llenas de logros, de tesoros y de mediciones que los mantengan entre algodones. Justifican su actuar ocupando como escudo lo que han dejado de hacer sus semejantes y presumen su valentía con la esperanza, de que la bonanza subsistirá, lo que dura una siesta en cuarentena. Los dardos están envenenados y morirán los que tienen razones, prudencia, perseverancia, porque la maldad es parte de la mafia que no quiere perder terreno y mientras haya algo que ganar, las sentencias estarán inertes.

Al final habrá una rotonda para los que supieron librar las turbulencias y también se hallaran rastros de los que solo pensaban egoístamente en sus intereses, en sus placeres, en sus rangos de poder, con el paso del tiempo el viento erosionara lo que no tenga valor y provocara el nacimiento de un portento que no tendrá nombre, que será abstracto, pero que será la llave para calmar todo aquello que nos hace mal. Qué pena que haya personas que se dejen doblegar, porque temen a perder lo que según han conseguido con esfuerzo, dejando a la deriva a los que están en un peligro inminente, los que buscan culpables en vez de asumirse como responsables de la inundación y la calamidad.

El espiral se va disolviendo porque somos seres que trascienden y ahora que todavía tenemos la ventaja de saber que hora es, entonces valoremos nuestra relación con el mundo, no dejemos de expresar lo que sentimos, no permitamos que la imprudencia de los demás nos haga derramar miedo y nos trastorne al grado de perdernos entre la penumbra y la insensatez. Los alborotadores no cesaran y pedirán que haya una rebelión sin precisiones, los monigotes despertaran y perseguirán a los que no se distraen, a los que tiene una verdad y a los que no se esfuman ante la terrible escenografía de un final inspirado en los demonios de personajes sin amor y sin pasajes de sufrimiento.

El absurdo está en algunos engranes que no están en su lugar y siguen funcionando, forzando lo que puntualmente se debería de revisar, la maquinaria en algún momento dejara de carburar y de esta manera todo parara paulatinamente dejando entrever que hay muchos que llevan mascaras para esconder sus horrorosas intenciones y que muchos no serán capaces de reconocer, si fueron o son parte de la espiral.


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