El aroma de las guayabas.
La tertulia de mis
pensamientos vagos y bobos, penetran en una noche donde la atmósfera se siente
pesada, donde la razón esta desfasada y la contradicción es un alimento rico en
comodidad y arrogancia. Al final nos creemos indestructibles, pero la mancha voraz
nos esta alcanzando al grado de no considerar los altos costos que esto representa.
El vértigo de las curvas sinuosas nos sacude, justificando la acción con: la vida
es una, hay que vivir el momento, no debemos tener miedo y así parece que
nuestro ligero cuerpo se va en un tobogán interminable dejando solo insensatez.
La insensibilidad
llego al punto donde todo se estanca en un escenario de enfado y arrebato, todo
se va marchitando, las cosas sencillas se van desprendiendo, la rectitud se va
torciendo, la queja ya es irónica, la responsabilidad es ambigua y el hambre de
desahogo es demasiada y no hay manera de saciarla. El susto al despertar es un tremendo
golpe de desilusiones y señalamientos que perseguirán al insolente, porque bien
ganado lo tiene.
Indignante es la
postura de las sombras que solo se ven caminar sin conflicto, no hay nada que
causa comezón al pensamiento, es denigrante no sentir empatía y no demostrar
respeto, aprobaras todo lo que se apegue a lo correcto, siendo el primero en
romper conceptos de cuidado y de sana distancia, solo porque hay que vivir y
dejar vivir. La penumbra nos abraza para recapacitar y perforar esos espacios vacíos
y secos, con la esperanza de que entre un poco de aire y esperar que haya reacción
de la sabiduría, que alguna vez invadió todo lo que parecía imperfecto.
Te ríes, no paras de
reír, no quieres recodar la desgracia, no quieres procurar la cordura, porque
primero está el placer que domina un porcentaje significativo de tu ser, no
quieres darte cuenta que la cercanía de lo que parece invisible esta acechando peligrosamente,
solo piensas en satisfacer el deseo que corre por tu solvente torrente de
sensaciones y emociones con senderos circulares. Solo pides que la vida sea un
suspiro sin obstáculos y sin tragedia, te imaginas lejos cuando estas cerca de
la realidad apabullante. Los pasos
apresurados no han servido de nada, cuando las agallas son enormes y desafían las
probabilidades, te olvidas de la vulnerabilidad y terminas yendo al lado de la ignorancia,
cuando has perseverado para no estar ahí, por ningún motivo.
Por ahora ya me he
asomado al pasillo y tomo un puño de valentía para tomar riesgos y salir sin
temor, observo como la mayoría pretende estar en una normalidad limitada, pero cómoda
y fortuita, el descaro es el pan nuestro de cada día, entonces porque no, dar
unos pasos hacia la calle, que me esta esperando alegremente y regresar a
retomar los planes, inspeccionar que si se puede hacer y que no, decidir bien y
buscar el equilibrio entre las adaptaciones que me deben impulsar sin recesos. Estoy
preparado para salir y convivir, hacer un lenguaje visual que se comprenda, desarrollar
una pauta de comunicación eficaz, controlar la ansiedad y no olvidar que el
peligro es constante.
Si hay que continuar,
pero con prudencia. Quiero percibir el aroma de las guayabas, saludar a todas
las personas que amo, reunirme y comer sin complicaciones, dejar que la energía
me conduzca por la congruencia, entender los mundos extremos de mis pocos
amigos, dejar de preocuparme por los necios e incorregibles, mesurar mis
opiniones y dejar que el tiempo sea una maquinaria transformadora. No desesperarme
y reconocer todo lo que crece en la tertulia, todo lo que la oscuridad devora y
todo lo que se alcanza a sostener de una frágil e indolente línea.
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