La maraña.

 

Estamos ante una maraña de improperios y de pensamientos que se acomodan a la conveniencia del individuo, que no tiene alternativa, y que continuara caminando y llevara a sus espaldas tan espantosas decisiones. Es así como una mañana decides hacer lo que de plano esta restringido realizar y no te importan las advertencias, pues el ego esta rebelde y no comprendes las consecuencias de las determinaciones. Vaya osadía de desconocer en un chasquido todas las quejas y todas las maldiciones, la finalidad es abrir el alma y dejar que se vaya todo el estrés acumulado, al final el egoísta ganara porque así ha alimentado toda su estructura y su tiranía.

Dentro de este mundo aborrecible, hay quien piensa que todos enfermaremos de lo mismo, porque creen que todos nos condenamos, rompiendo reglas y queriendo pasar desapercibidos, pero no, hay quien, si cumple con todos los lineamientos, porque la realidad nos señala de manera descarada, porque somos vulnerables de alguna forma, pero hay quien no lo digiere así y el argumento contundente es: “De algo nos moriremos”.  Que terquedad tan grande es la que impulsa a muchos a solo pensar en el placer, en el deseo de sentirse libres, de huir del encierro, de no tener un trozo de ese amor que vociferan tener, se ciegan y no encuentran otros caminos, solo se quedan en el silencio, que quizá sea una salida rápida y eficiente.

Ya para cuando quieran reaccionar será tarde. Mientras la calamidad nos pellizca y nos hace saltar del dolor, comienzo a reflexionar y de las tantas conclusiones a las que llego, no hay una que provoque aplausos, entonces me confieso ansioso y afirmo que volveré de manera gradual al mundo donde las bestias comparten sus microrganismos, donde el tiempo es poco para cientos, regresare paulatinamente con todas las medidas necesarias, porque no puedo quedarme en un rincón esperando que el cielo sea verde. Saldré sin dirigirle la palabra a nadie, retomare los planes porque la vida sigue su marcha, tendré todos los cuidados de manera exagerada y entrare en la confusión de lo que es esencial y de lo que no.

Muchos hacen sus cosas de manera clandestina, los que son sinvergüenzas se muestran sin miedo a las críticas, total construirán un parque de diversiones con todo ese material abstracto que recogen con agasajo y disposición. Se escucha a lo lejos el clásico “vive y deja vivir”, mientras los transeúntes en tono de sarcasmo solo mueven la cabeza, intuyendo que la muerte es algo que ronda todos los días esta vertiginosa metrópoli. La maraña esta sepultando todas las esperanzas, asfixia a las consientes y debilita lo que parece tomar fuerza, es una tumultuosa tragedia que solo espera que las torretas se enciendan para magnificar el pánico, es una opaca nube de ideas que estrangula las amplias posibilidades, porque los que están en el festín son los que van replicando esto que nos tiene en un alarido interminable y que se creen indestructibles cuando son endebles como un pedazo de pan en plena lluvia.

En medio de los terribles escenarios, me encontrare, porque reitero mi regreso a las calles infestadas de trotamundos sin amor al prójimo y lidiare con los acercamientos desconsiderados de los locos que no tienen responsabilidad, regresare para enfrentar a la maraña y a los que han cooperado con sus pelos para alimentar a la detestable enredadera de sombríos episodios. Romperé mi creencia de que lo esencial era ir solo a trabajar, al médico, a la farmacia y a la despensa, después recordare la última vez que estuve tomando el sol con plena libertad, para sentir alivio.

Es probable que me quede pensando por mucho tiempo si es una buena decisión y quizá me retracte.


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