El musical.

 

Todo surge desde ese lugar cómodo, amplio y con aspecto obsoleto. Una voz que intriga, una sombra que va de aquí para allá es la que mueve un mundo inventado entre sus consentidos y los que son extras en la historia. Tantos acontecimientos que corren por ese pasillo y demasiados quedan en el tintero, una mafia construida desde absurdos con aspecto de miedo. Es así como todos los días se confabulan un centenar de pensamientos, de hechos que circulan con injusticia, el creador es una persona que no le gusta verse cuestionada y que prefiere huir poniendo argumentos que someten sin compasión.

Esta atmosfera pareciera un ridículo musical donde abundan los seres mas extrovertidos, divertidos y amargados. Las excusas es un condimento estelar y los aires de grandeza son una opción para que esto no quede como un espectáculo mutilado por la falta de seriedad. Aquellas escaleras han visto peculiaridades infinitas, que después se vuelven un chisme, en una forma de sostener el guion que alguien por simple sobrevivencia comenzó a escribir. Los muebles parecieran un adorno sin chiste, las ausencias son prolongadas y las batallas por entrometerse es una singular característica de los actores que están dispuestos a salir a escena todos los días. Hay personajes de esta película que se creen inalcanzables, que se quedan encerrados en sus camerinos, esperando se les suplique para que hagan su trabajo, quizá estén muy ocupados practicando cada línea para que el show sea magistral.

El publico conocedor no querrá ser parte de la farsa, aunque debe permanecer en la logística tirana para que todo fluya y este espectáculo tenga certeza de crecimiento, los inteligentes estarán en sus lugares esperando la siguiente toma y anotaran cada detalle. Es así como funciona una mafia que se fragmenta cuando le conviene, que se esconde con tal de que los asuntos sean olvidados y que las circunstancias cambien, es como andar en una tómbola y no saber cuál será el premio mayor. Un sentido obscuro es el que se apodera de esos rincones que algún día fueron obligados a estar en movimiento constante, ahora esto parece un museo, hay polvo por donde quiera y la nostalgia penetra de una forma imprudente, causando dolor por los viejos tiempos.

La autoridad se ha desvanecido y se impone el poder de cada participante, todos hacen los que quieren, todos se atreven a pedir favores sin dar las gracias, todos quieren la atención que por minutos esta inerte. El escritor de la mafia es persistente y mantiene a sus consentidos intactos, abona un puño de credibilidad y no quiere que esta temporada termine, es terrible ver al maestro de esta obra, colgado de unos hilos como si fuera marioneta, manejado por otro ser macabro, que cada noche intenta conseguir esas ganancias incontables reiterando su perspectiva de vida globalizada y corta en lo humano.

En ese lugar obsoleto donde apenas hay una luz tenue, un escritorio del tamaño de un estadio y la imagen de lo que pareciera hacer milagros, es ahí donde todo se orquesta, desde esa alfombra ambigua, desde esa silla que gira sin remedio, entre esas pareces crecen las frases mas escalofriantes y las decisiones más incontrolables. Cuando la luz se apaga es porque todos los actores tienen que refrescar sus disfraces e idear su siguiente papel, todos quieren ser el protagonista, nadie se quiere ser escenografía, todos requieren de la fama y después ir a dormir en una cómoda planicie de fututo incierto.

La mafia está flotando entre círculos de poder, angustias determinantes y secretos a voces, todos tiene un factor de impacto inevitable para que el próximo musical sea un éxito rotundo.

 

 

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