Nos hemos desmoronado.
Cuando nuestros
cuerpos se estropearon en una dimensión desconocida, quisiste perturbarme con
tus incógnitas, mantuviste ese gesto de intolerancia y te fuiste. Ya no pudimos
correr, se quedaron todos nuestros esfuerzos en un calendario indefenso ante la
caótica realidad, nuestras piernas perdieron el tono de cada kilómetro, los holgazanes
solo nos veían con cierto entusiasmo que se diluía porque tenían cosas más
importantes que atender.
Nuestros corazones
agitados quedaron en esa pendiente que nos llenaba de coraje y angustia, buscamos
la hora para volver a empezar y determinar el plan, nos miramos como si estuviéramos
extraviados y en el fondo sabemos que no nos podemos abandonar en esta aventura,
en esta persecución de sueños, que muchos nunca entenderán, porque no quieren
arriesgar.
Nuestros pies piden
que no nos detengamos es una confabulación mental, que remueve emociones y
sentimientos, es un calor inexplicable que recorre cada poro, cada órgano, que
se traduce en seguir sin tener la intención de parar, el sudor es parte del
guion que nos obliga a pensar en un mundo mejor, se escuchan carcajadas tontas
mientras soportamos el frio del bosque, del pavimento que esta enredado en
historia cotidianas.
Somos una especie de
exploradores, de pacificadores, nadie se da cuenta de eso porque se pierde en
su mundo material y profesional como si no tuvieran nada más, se tuercen entre
las llamas de un éxito que es efímero, de un sustento que dura lo que tiene que
durar, de un itinerario perverso que no da un chance de respirar aire fresco. Los
pensamientos optimistas quedaron reservados para momentos que valgan la resistencia
de estar presentes en caminos que esperan el trotar de unos ingenuos, locos, espirituales
seres, eso pasara en un tiempo y todos volverán a la contienda, a la competencia
y a la vida de retos constantes.
La astucia de ejercer
lo que la mente quiere es algo que quedó suspendido, ahí está el impaciente el
sol que desea susurrar, que debemos regresar a la marcha de estruendos y de cronómetros,
ahora sí, todos valoran lo que no hicieron, ahora todos reconocen que deben
proponerse metas, ahora todos añoran porque en ocasiones no hay otra manera de
desfrutar la vida. El bullicio del pasado se escucha de forma permanente y nos
recuerda de que estamos hechos, nos transporta a los recuerdos y nos comunica
que todavía hay que buscar la felicidad. Hay voces que siguen renegando y no
paran de quejarse, siguen incomodos, insatisfechos, no han aprendido nada, no
quieren entender que hemos cambiado, que las circunstancias son diferentes, que
lo que estorba se tiene que ir, que lo que no suma solo es un adorno. Muchos están
perplejos porque intentan conservar la calma ante la severidad del tiempo y todos
quieren reunir ese aroma que seduce y descontrola, el aroma a la tierra húmeda
que hace vibrar cada parte de los seres que estamos flotando en un espacio imaginario.
Los contrastes son
evidentes. La muerte nos deja historias, la vida nos da una amplia posibilidad
para corregir, para fomentar, para reactivar, para agradecer y expandir nuestra
luz, mientras otros se ocultan en la obscuridad porque eso los hace intrépidos y
seguros. Las calles están cansadas de los neumáticos esperan las zancadas de
unos apasionados por la vida, por los que saben que todo se puede superar. Es evidente
que todo dio un giro y que hay muchas cuestiones por escribir, hay rostros que
se han llenado de asombro y otros de pesadez, quiero observar como intentas
volver con tú cara de no ha pasado nada, cuando muchos nos hemos desmoronado y
vuelto a integrar en un todo, en el cual hay esencias que ya no tienen lugar.
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