Meditación extraordinaria.
Sigues escuchando
esas voces que solo alucinan con tener un futuro prometedor, mientras el
presente es una hoguera. La pasión por seguir nuestras intuiciones, motivos y
razones esta despierta, sin estas estuviésemos desalmados y fracturados en cada
perspectiva. La realidad es que todos quieren contraer compromisos insólitos,
sueños irrepetibles y buscan las condiciones idóneas, se la viven pensando y
hurgando en la conciencia como puede ser posible, pero el presente es
demandante porque quiere acciones que sobresalgan para que después haya una
bocanada de bonanza. Sin presente no habrá chance de obtener resultados y de
cumplir todo lo que se construye en esa mente que en ocasiones esta confundida y
enfadada.
Continúas esperando
que los demás te amen, cuando ralamente no existe un instructivo de cultivo, de
desarrollo, quieres que de la nada todos te volteen a ver, resurgiendo en
frases motivadoras, en escenas grotescas, en sintonías que están distorsionadas,
porque no sabes como encender la llama mientras la hoguera sigue ardiendo y
consumiendo todas las pretensiones que tenias proyectadas para este preciso
momento. Solo obtienes respuestas de cortesía,
no hay una posibilidad de enlazar todos esos hilos rotos con las madejas de
ahora, no concuerdan, no hay algo que incite a la añoranza.
Una mirada se fija
en eso que tienes tan descuidado, en el fondo sabes que es, nosotros también
tenemos claridad de lo es, nadie te menciona nada, quizá porque todos dan por
hecho que es lo que tienes que arreglar en ese ser, en esa mente, en ese
cuerpo, han pasado los meses, las crisis, y sigues igual, sin poder hacer algo
para que eso que te mortifica en tus profundidades luzca de manera diferente, sigues
atado a la encomienda de ser feliz sin mostrar una cara distinta, sin armonizar
tus infiernos, sin cuestionar tus glorias, te mantienes monitoreando el horizonte
y este va cambiando minuto a minuto. No hay
una autocrítica, pues te crees dios, crees que estas hecho a imagen y semejanza,
pero sabes que sigues fallando como todos, pues tenemos la humanidad en nuestra
designación diaria, pero las porras que nacen desde ese olvido te reconfortan.
Las jacarandas son
un aviso de crecimiento, las observas con arrogancia y ellas saben tus
historias y tus errores, ellas han percibido tus debilidades y fortalezas, tus
dudas y aciertos, tus miedos y tus agallas, ahí están esperando a que pases
para registrar tus movimientos y tus pensamientos revueltos. Despilfarras el tiempo sin darte cuenta de que
este segundo se esta marchitando, que no volverá, que sigues generando una
atmosfera densa y con peligros extremos. Necesitas un espacio de improvisación que
te haga descubrir el sentido de la existencia, que dejes todos los reproches, esos
caprichos, esas saturaciones incomodas.
Sigues esperando un
milagro, cuando no tienes la costumbre de hacer una oración de corazón, crees
que todo resulta con suerte y no realmente no es así, se necesita constancia y
disciplina, necesitas descubrirte como un ser valioso, encantador, solvente y
creativo, salir de ese espacio que te abruma y comprender que tienes potencial,
pero también tienes un muro gigantesco que derrumbar para poder avanzar.
Esas voces repiten
sus aventuras como si estas se fueran a realizar mañana, no te disgusta escucharlas,
pues te conviertes en parte del suspenso, de la intriga y del tesón con que se
cuentan, te gana la imaginación subconsciente y te trasportas a la batalla, ves
sangre correr, hombres gritar, mujeres y niños escapar, mientras tú estás en
una pose de meditación extraordinaria, eres parte del sueño catastrófico y no
quieres moverte, pues estas dosificando la calma que en la vida real te hace falta
y no quieres cambiar eso, ni arriesgar, ahí
esta lo que te hace feliz y te hace él mismo de siempre.
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