La brutalidad adquirida.
La brutal adquisición
que haces pensando que todo puede ser una broma macabra de los instintos
salvajes de un tiempo soberbio y olvidado por un millar de mentes oxidadas,
pero la realidad es que tu construyes el destino con cada una de tus acciones,
al final, si un proyecto no avanza es porque así lo has decidido y no tienes la
menor intención de cambiar, porque no te interesa romper moldes, escuchar
opiniones e intensificar la depuración.
Te encuentras con un
bloque de opositores que has creado con el afán de sentirte atrapado en una
mazmorra, te vuelves la victima perfecta de las excusas que ciento de veces
sacas para relucir que no quieres poner en practica todo lo aprendido, entonces
decides desaparecer para según pasar desapercibido, pero eso provoca que todos
te tengan en la mira, esperen una obra ilustre y con un toque de perseverancia,
pero prefieres ocultarte y evitar las distinciones.
Definitivamente quieres
quedarte ahí, que los ríos del tiempo te inunden y no sepas hacia donde nadar,
no quieres sostenerte de los brazos que de forma imaginativa aparecen para
rescatarte, sigues pensando que no necesitas ayuda, que tu capricho tiene un valor
incalculable y que con esa idea te quedaras por meses, quizá necesitas que algo
vibre en ese interior y debes buscar la forma de causar movimientos certeros
que te lleven a despertar, no importando si tienes que comenzar de nuevo,
tienes que correr y saber que esa miel que endulza también puede empalagarte y
dejarte petrificado.
El tiempo se esta
agotando y la indiferencia te susurra con tal de convertirte en un aliado y
presentarte a la ignorancia, que te cobijara con orgullo y te aplastara poco a
poco con esos inverosímiles de párrafos que no tienen ni pies ni cabeza, te
dejara ser feliz a tu manera y ahí te perpetuaras como si no hubiera salida. Tus
ojos dejaran de brillar, tus motivos se marchitarán y los ecos de todos esos momentos
idóneos que dejaste pasar regresaran para atormentarte. Sigues adquiriendo
miedo, dejando pasar la hora del enlace y percatándote que estas en medio de
una tormenta que olvidas con un momento en la playa, con una lectura desafortunada
y corrompiendo las reglas, al final es la historia que deseas escribir y que
quieres presentar al mundo que con dicha has inventado.
Si piensas que el
sol te va a sonreír, así será, pero si te quedas en el espiral de los sismos, estos
serán frecuentes, constantes, hasta dejarte en los huesos, mismos que se harán polvo
en un espacio de desolación e ingratitud, ahí tus partículas se quedarán dando
vueltas por siempre. Es parte de la adquisición
de la brutalidad, esparcirse sin sentido y quedarse en un sitio tenebroso, querrás
salvarte con la frivolidad que acostumbras, pero en ese espacio sinuoso nada
tiene validez, solo el sufrimiento por no comprender que hay alternativas para generar
algo perdurable.
La necedad te tiene casi
ahogado en la tinta que no se derrama en esas hojas, te vas asfixiando, extinguiendo,
mientras la alarma indica que debes comenzar nuevamente, la maquinaria comienza
a sonar con delicadeza convirtiéndose en ruido insostenible. Limpias con dedicación
todo lo que te permite establecer una comodidad infinita, vuelves a releer lo
que escribes, sigues creyendo que es perfecto, sigues alimentando a la
arrogancia. El reloj sigue marcando con singular precisión el presente y te vuelcas
a las nítidas voces que te incitan a crear, pero dudas, esa es la atadura que
no te deja, que te alcanza cada vez que das pasos apresurados, se trata de la
brutalidad que has adquirido con singular desparpajo y que te acompañará hasta
que tu lo decidas, es mejor que en algún párrafo le des una muerte digna y escribas
en paz.
Nevid, es la radiografía de lo que le pasa a muchos alumnos del taller. Pero debo de confesar que el texto me toca y me hiere porque lleva mi nombre.
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