Los hijos de la discordia.

 

El pasaje de los buenos momentos no se termina. Las personas ocultan lo que es necesario en sus pequeñas bóvedas de arterias y efusiva circulación con tal de que esta vez todo salga a la perfección, lo hacen sutilmente para que no haya sospechas de lo que acontece, aunque todo termina siendo predecible y poco audaz. En un afán de creatividad todo lo dejan al descubierto para que el mundo consolide las emociones expuestas y todo fluya como si no sucediera nada.

El pasaje es largo y ancho, ahí están esos instantes donde la buena vida nos conserva con ganas de comenzar nuevas aventuras y mantener lo que con esfuerzo se construye a diario, las imágenes son esplendorosas e inspirarán gratitud, ahí están las verdaderas razones para seguir viviendo, para elevar el ser de una forma inaudita, en ese pasaje no hay dichos soberbios, ni hipocresías y tampoco esporádicas risas falsas, ahí todo es serenidad y solidaridad.

Al salir de aquel túnel nos encontraremos con la realidad. Habrá una extrema efervescencia por cada movimiento que hagamos, las miradas serán imprudentes y las palabras hirientes, pero eso no nos debe de importar, porque nos atrevimos a explorar el escenario donde los maldosos abundan y las caretas se ocupan para ir avanzando. Los absurdos discursos se asoman para tambalear lo que es verdadero y siempre habrá oposición, pero lo cierto es que cada uno debe de vivir su vida al máximo.

Seguiremos acumulado buenos momentos y no hay duda de que habrá sobresaltos y momentos tristes, pero la convicción será parte de las aspiraciones para que la serenidad nos abrace y nos impulse por un razonamiento de respeto.  Los quejosos, los abusivos, los envidiosos persistirán como una fuente de antagonismo que nos debe hacer crecer. Los dolores estarán recorriendo nuestra mente, tendremos que vivir con esas punzadas en el corazón y saber que somos capaces de manifestarnos con contundencia todo y dar a conocer todo aquello que trasportamos. Cada vez que haya tormentas ese pasaje nos espera para reconfortarnos y hacer una pausa que nos de claridad.

La felicidad se respira cuando nos enfocamos en ella. Los argüenderos serán despiadados y buscaran atajos para romper la sintonía de armonía, la polémica será una pieza que querrá embonar en la cuadratura de paz que con sabiduría hemos restaurado. Los hijos de la discordia querrán saber los detalles de la vida de los demás solo para estar informados y satisfacer sus egos, eso los hará creerse aliados cuando solo son seres temporales. Ahora debes disfrutar el presente con esa gallardía que tanto muestras en tus numerosas fotografías, debes gozar como si ni hubiera mañana, necesitas levantarte y confrontar todos tus miedos y temas inconclusos.

Tenemos que provocar una retroalimentación, si no la hay, el aburrimiento llegara para quedarse y no existiera poder humano que cambie el escenario paupérrimo y decadente, el avance se esfumara como si nos encontráramos en una chimenea, todo desaparecerá al son de una canción incoherente, es ahora o nunca cuando todos esos hermosos crecimientos espirituales sean resguardados en el pasaje y ahí permanezcan para futuras batallas.

Es evidente que la indiferencia ha penetrado tanto, que la falta de compromiso, las excusas, las infinitas explicaciones sin sentido se han multiplicado y es cuando te das cuenta del estancamiento que te ahoga sin darte cuenta. Es evidente que salirse de una burbuja es más cómodo que permanecer en ella, no tenemos conciencia que en esa burbuja esta el instructivo para sobrevivir, la burbuja se debe reventar en el momento propicio y no estimular que suceda antes de tiempo.  

Mientras corre al pasaje, hazlo antes de que caiga esa bomba, ese asteroide, esa realidad irrefutable.

 

 

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