Lo impensable.
Estas listo para el clavado, sentir rencor sería un error abismal. Tienes miedo
a sentirte desamparado y ver como la fosa se convierte en una prueba angustiante
y terrorífica, pero en el fondo sabes que esa sensación desaparecerá y podrás arrojarte
como si fuera un reto colosal. Te limpias el sudor, sientes como cada poro se
expande en una infinita melodía de intensos gritos, piensas en el arrepentimiento,
pero estas en la orilla, tienes que impulsa tu cuerpo al vacío y sentir esa explosión
de emociones.
Sientes como te partes en mil pedazos al tocar el agua, necesitas un respiro
inmediato después del riesgo, esa es la realidad de la que tanto huías, estas
solo en medio de aquel escenario que impacta, un entrenamiento mas y sigues con
ese miedo sofocante y no sabes que resultara a la hora de la verdad, no quieres
tener piedad, no quieres sentir esa encrucijada que rompe todos los fundamentos
técnicos para realizar el salto, sabes que debes controlar el equilibrio antes
de volverte un loco sin expectativas. Es una lapida de complicaciones las que
vienen a la mente y te taladran con tal de sacarte de la serenidad, sabes que la
presión es una clave por excelencia, ahí está la respuesta que por tanto tiempo
has venido buscando.
Al parecer tu cuerpo esta adormilado después una dosis drástica de
adrenalina, te sientes pesado y no puedes recuperar la conciencia, estas
acabado en medio de una trifulca de alertas y de congestiones mentales, es un juego
de destreza, es una agonía imparable, pero quieres lucirte en todo tu esplendor,
porque lo mereces, porque llevas ensayando la maniobra y no quieres perder el
tiempo en simplemente desistir. Sigues sin reaccionar y pretendes que alguien
te ayude y te envuelva en sus brazos tersos. Las oraciones no han funcionado y
la incertidumbre va carcomiendo la calma de los espectadores que de repente
aparecieron para verte ejercer la valentía.
El clavado perfecto no existe y ahora estas entre una encomienda de
negatividad y bonanza, estas extraviado, no tienes idea de lo que paso, solo
recuerdas como la mirada se estremeció en un negro destino, la fuerza de tu
cuerpo no sirvió de nada y diste un golpe certero a toda la humanidad que te
acompaña, el dolor es evidente ante la fragilidad que emanas, huele a fracaso y
hay rastro de aprendizaje. Tantas semanas preparando el momento y todo resulto
un bochornoso instante, todo se nublo y se convirtió en una osada broma. Ahí estas
siendo auxiliado por la madrugada que te bofetea para que despiertes y
respondas a las tantas preguntas del presente atolondrado, intentas regresar al
guion y repartir las responsabilidades necesarias.
Ni en tus más grises sueños te habías parado en esa orilla, simplemente
alguien te empujo y fuiste cayendo, en esos segundos intentaste recordar que
tan poderoso eres, que tanto has vivido, cuanto daño te han hecho, en esas
circunstancias todo se transformó en un lienzo de rojos y verdes intensos, era
la prueba que algún día imaginaste y jamás pensaste la vivirías con lujo de
detalle. Alguien te arrebato la serenidad en un suspiro y ahora tienes que
enfrentarte al caos, a la torpeza de la delicada inspección de una voraz idea
fatal, parpadeas y solo encuentras una orquídea morada, un aroma a soledad, un
calendario sin estrenar y la voz llorosa que pide con devoción un milagro para
que suceda lo impensable.
No hay fosa, es solo un simple colchón descolorido que se convierte en un cuadrilátero
de batallas con diálogos incomprensibles y personajes poco elocuentes.
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