Las letras y el destino.

 

Ese molesto hedor te despierta para avisarte que estas vivo. Te encuentras en un callejón repleto de ambiciones, indiferencias y consignas, no sabes como salir de ese lugar, te sientes incomodo al saber que todos quieren un poco de lo que hay, pero no saben cómo obtenerlo. Tú has estado atrapado y conoces ciertos atajos para respirar aire fresco. No sabes cuando lograran entrar, solo escuchas un ciento de voces que intentan tirar los muros. Tienes la estrategia idónea para cuando ellos entren y tú puedas salir al mundo real, al mundo donde encontraste toda la sabiduría, la templanza y la fortaleza, ahí donde perteneces y por alguna estúpida razón te extraviaste y caíste en la obscuridad.

Tus enojos vienen a despojarte de la armonía que el profundo sueño te daba. Recuerdas tus épocas de gloria, cuando tenias esa libertad de desencadenar euforia, tenías inocencia, la maldad no te había invadido, ahora solo piensas en ser un rebelde, un monstruo, una bestia, necesitas inventarte prioridades para olvidarte de lo verdadero, requieres de unas cuantas mentiras para creer en el absurdo de la gentileza, consumes solo lo que te da sensaciones confusas, es por eso por lo que necesitas volver al mundo que te vio resurgir de las discordias.

Antes de que lleguen y devoren todos esos anaqueles llenos de porquería, tratas de descifrar la combinación de esa puerta oxidada, que ha estado ahí esperando al valiente, al tenaz que la abra y pueda salir, quizá eres tú, solo que el miedo te invade, con tus delgados dedos y los nervios al máximo juegas todas las tardes con aquellos números, no has logrado conseguir el momento de gloria, es por eso que has escarbado un túnel y según los has terminado, ese es la última opción que tienes, por si aquellos hambrientos entes derriban los muros.

Todo esta preparado para la gran huida, intentas conciliar el sueño, buscas por todos lados que comer, sabes que tienes poco tiempo y que saldrás victorioso, solo falta que aquellos disparatados seres sean impetuosos y derrumben lo que ha sido tú fortaleza, la ansiedad es mucha, la desesperación te carcome la calma, quieres sentir la brisa de las vivencias que has dejado pendientes, todos esos personajes inconclusos te están esperando, ya no existirán los pretextos, por fin podrás avanzar en esas historias que por momentos no tenían finales claros.

Descubres sin querer, que esos enardecidos monigotes que quieren entrar a lo que ha sido tú escondite son los escabrosos minutos desperdiciados y esas palabras altaneras que has ocupado para referirte a lo que hacen o dejan de hacer los demás, son los demonios que te persiguen para pedirte explicaciones, el terror hace que se dispare la adrenalina, te metes a túnel y corres, te das cuenta que estas envuelto en un ruin invento de tus delirios, todo es un cuento malhecho, una novela compleja, una trama rota, ese hedor y ese callejón son  figuraciones que te han dejado las malas decisiones y el aislamiento.

Comienzas a torturarte, sacudes todos los muebles, avientas infinidad de papeles al suelo, estallas sin poder contenerte, esas paredes manchadas de humedad te condenan, la puerta oxidada es una desfachatez de tus indiferencias, todo lo que sientes está en un texto que jamás ha reposado. La huida la vives desde hace mucho, solo que te encanta resguardar las emociones como si estas necesitaran concesiones, abres poco a poco aquella ventana y comienzas a escuchar una melodía que te instala en un punto donde tomaste el trayecto de ser un jugador de las letras y el destino. Muchos sigues escribiendo y tú eres el personaje que están buscando.

 

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