La angustia.
Ojalá te enteraras
de la angustia que siento al ver como corres por los espinosos arbustos, me
sofoca saber que te puedes lastimar y que sangraras, me imagino el dolor que
pasaras, pero al final tienes que experimentar para que te des cuenta de que
por ahí no debes de pasar. Aquellos adornos de hojalata sonaran para anunciar
que pronto vendrá la lluvia, que nos refresque la memoria, que nos de la
oportunidad para detenernos en aquel techo improvisado con el cartón que vas
guardando de todas tus despiadadas aventuras. Te estremeces al saber que todo
el campo volverá a verse verde y de repente aparezcan las flores que te
encantan y que te advierten que no vuelvas a prometer lo que hasta ahora no has
cumplido.
Dirás esas repetitivas
palabras que ilusionan y que devoran toda probabilidad ambigua, procuras respirar
de manera delicada para que los vecinos no te escuchen, caminas de manera
sigilosa y huyes sin tener miedo. Después te verán llorar porque has perdido
tus zapatos, te verán lleno de lodo, nadie te reconocerá y provocaras que todos
se resguarden en sus profundas cuevas, actuaras como siempre, volverás al
estado ignorante que te ha enajenado de desconfianza y dolor.
La angustia se marchará,
me dejará en paz, el cielo estará despejado y recordare como alguna vez
permaneciste en mi corazón, te observare en ese lienzo con matices diversos, estarás
disperso y te sentiré desesperado por encontrar la locura, esa que te llevo a revolver
el tiempo con la incredulidad. Se marchitarán los claveles y los leones rugirán,
un nuevo día vendrá por todos esos sueños rezagados, por esa necesidad de
sentirte en cautiverio, por ese afán de imponer la soberbia con disfreces muy ajustados.
Las luciérnagas iluminaran esas pisadas resecas, sabremos en que lugar has
decidido rezar, no podrás despistar a los enfurecidos cuervos, estarás rodeado
y en cualquier momento te sacaran los ojos.
El olor a hierbabuena
será un señal sofisticada para saber que sigues vivo, sentirás como te hundes
en el fango y eso te hará reaccionar mientras escuchas porras insolentes y sarcásticas,
escucharas como la muchedumbre te gritara unas cuantas verdades para que te
recuperes del caótico paraíso, no tendrás la capacidad de ver esos rostros que
tantas veces pellizcaste, no existirá oportunidad de que pidas auxilio, ya no habrá
tiempo para recapacitar, la angustia te hará parte del obscuro mundo de los imprudentes.
Ahí en ese rincón insalubre estarás atado desde el enojo hasta el asco, te morderás
los labios y te azotaras contra las paredes. Extraviado por angostos pasillos,
desquiciado y derruido, un loco inspirado en retroceder y pedir perdón para
tener la oportunidad sagrada de valorar.
El zumbido de las
moscas será una constante en el andar sinuoso, en tus ratos lucidos pronunciaras
mi nombre y quedaras mirando aquel reflejo, murmurarás todas las frases
incomodas que leíste cada fin de semana, golpearas la razón como un manifiesto
de incertidumbre y conmoción. El tacto no será suficiente, querrás que los
cuervos vuelvan con tus ojos, pero ya habrán pasado algunos años y solo te quedara
la opción de ir al camposanto a reclamar el despojo de la cordura, de la fe y de
la peripecia para olvidar.
Serás un hijo más de
la imperiosa angustia. Angustia que seguirá truncando episodios memorables, destinos
improvisados y noches seductoras, crecerás con la encomienda de enaltecer lo
gris y lo negro, no tendrás tiempo para dormir, ni para soñar despierto, serás el
cómplice de las desgracias y el confidente de la calamidad del inocente que
vaga por donde alguna vez anduviste atolondrado y distraído. Los espinosos
arbustos solo están esperando que venga un nuevo atardecer.
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