Ojalá sea antes de que estemos muertos.

 

De repente estas en un torrente de valentía que te expulsa al exterior, has quedado fuera de lo que era un núcleo de ideas seductoras, desgarradoras y arriesgadas, ahora solo ves el asfalto lleno de pesares y de historias inconclusas. Ya no eres parte de aquel telar que se construía con enjundia y con audacia, dejaste de perseverar en el tiempo de los silencios creativos y en ocasiones incomodos, sigues siendo una partícula que vaga por las diferencias del pensamiento y el ocio que un tanto de lunáticos alimenta con tal de permanecer en un eco interminable.

El abrumador amanecer obliga a que la gente se quede inmóvil, que sus sentimientos no cambien y que sus pensamientos se queden en la órbita de lo negativo, buscando siempre la pelea, la discordia, el arrebato que divide, la locura que se queda como señal de que las cosas irán por un caos, esa mirada perdida, ojerosa, solo trasmite una pesadez insostenible, un camino trunco, un sueño pasivo y un indecoroso suspiro. Te encuentras en el hartazgo de la simulación, de la falsa victoria, de la grandeza improvisada y la palabra incorrecta, ahí estas mostrando lo que te mantiene con un pie en la plazuela de la nostalgia, ruegas que el tiempo sea benévolo contigo, cuando tus manos se quedan paralizadas por no saber cuál es el comienzo de los actos y de las inconformidades.

El silencio es invasor de todas las precipitadas conclusiones, dudas, te adviertes que esto es un peligro constante, vacilas con las flores anaranjadas y les haces mimos que han sido obsoletos, recuerdas a los difuntos con claridad, buscas a los vivos que han desaparecido de la historia que escribías con delicadeza, el incienso penetra en tus códigos de lealtad, las veladoras iluminan ese rostro despojado de ilusiones y solo parpadeas cono si eso fuera a provocar algo que te eleve y te saque de ahí. Acomodas aquellas fotografías para que todo parezca impecable, los colores del papel picado te llevan por recuerdos hermosos. La muerte a regresado para intercambiar opiniones, observa a todos los desatinados que van hurgando vidas ajenas, a todos los que huyen sin razones aparentes, a todos los que no saben si aman o están cumpliendo sus caprichos, ella observa con mesura, susurra a sus acompañantes y carcajea, disfruta su fiesta y se embriaga de todas las malas decisiones que se toman en este mundo, se despide dejando una estela con aroma a chocolate, se va feliz y sin queja.

El altar a los que ya no están permanece como un símbolo de gracia y de pertenencia, eres el arquitecto de la tradición, del recordatorio puntual de lo efímero y temporal, de todo aquello que trasciende en el mundo material, en el cual estamos de paso. Nada nos llevaremos, nada es nuestro, solo lo que sucede en la mente, solo eso, es el tesoro que todos deben de conservar. Alguien te aventó a la realidad y te dio una sacudida, tienes que resolver esas confusiones antes de que el tiempo se acabe, debes percatarte de todo lo que has dejado con tal de ser un ente luminoso, aunque solo ilumines lo que tú creas prioritario.

No es tarde para volver a empezar. No es tarde para comprender, para escuchar, abrazar, enmendar, contestar, procurar, tarde será cuando no tengas ya la capacidad para agradecer y ceder la dicha que con placer fábricas en ese corazón restaurado y adornado con verdad, tenacidad y humildad. Un día ya no habrá simulaciones y ese día será cuando hables de forma franca y de frente, ojalá sea antes de que estemos muertos.

 

 

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