Todo comienza a dar vueltas.

 

Una decena de ojos me ven con curiosidad, un tren de palabras atraviesa el frágil cuerpo de comprensión que he inventado para estar perdido en aquel esplendor que se asoma, que me cautiva, que me deja perplejo, al principio no comprendía lo que sucedía, pero los días han pasado con cierta prisa y la impaciencia ya se nota en mis gestos, es ahí cuando me doy cuenta, de que todo esto es una estancia llena de sorpresas y de fuertes develaciones.

Estoy en el centro de aquel salón, el color amarillo abunda y el piso es gris, hay una verbena a lo lejos donde se logra distinguir música de banda, al otro extremo hay una reunión de mujeres que parecen rezar y yo estoy entre un mundo y el otro, estoy atento al objetivo, aquel ventanal que me muestra cómo vas caminando sin preocupaciones, sin tensiones, vas jugando con las flores y levantas las manos en señal de victoria, estoy atrapado en un cubo lleno de fe y de fiesta, estoy aquí esperando a que entres, pero al parecer tu no te percatas de mi presencia.

Esos ojos me siguen observando y me siguen señalando, siento cada parpadeo, pero no dejare que me sometan al miedo, al cuestionamiento irreverente, al debate de agresivos argumentos, me mantendré estoico, no me moveré, seguiré mirando tu singular figura y tratare de entender que es lo que acontece en ese espacio en donde ríes sin parar. Me doy cuenta que estoy en medio de las vías y doy un brinco de ingenuidad, desconozco si pudiese pasar una tragedia, camino por los durmientes y llego a lo que es la frontera, un vidrio grueso nos separa, sigues sin darte cuenta que ahí estoy observándote, sigues hablando sin parar con aquellos arbustos, me resigno y volteo hacia todos lados, ahí están esos jueces disgustados, me escanean, murmuran, la música se vuelve lejana y los rezos se distorsionan, todo comienza a dar vueltas y te pierdo de vista

Alguien ha pateado la caja en donde me encuentro como un prisionero del tiempo. Todo esta de cabeza, he perdido la perspectiva de tu existencia, estoy en una posición donde te veo lejos, todos los personajes de este encierro están lastimados, algunos muertos, es mi oportunidad de escapar y extender mis brazos para sujetarte y decirte que no dejo de pensar en las altas probabilidades de reinventarnos y de saciar nuestro anhelo de libertad.  Encuentro lo que es una roca en forma de corazón la aviento con todas mis fuerzas y aquel ventanal se rompe, siento como el aire frio comienza a esparcirse por este agónico escenario, te grito, te manoteo y tu sigues jugando con aquellos felinos indefensos, de repente sientes mi llegada, te detienes y me miras con desconfianza, caminas hacia a mí,  tomas mis manos y comienzas a reír, no se si me reconoces, si te acuerdas de mi nombre, me dejo llevar por el instinto, beso tu frente y de repente algo comienza a brillar a lo lejos, una luz se va acercando, me sueltas y corres, veo tu rostro que se va descomponiendo mientras trato de moverme y no puedo.

Nuevamente todo comienza a dar vueltas, ese color amarillo me mancha las ropas y el gris penetra en mi conciencia, siento un golpe que me fragmenta en segundos, no siento dolor, solo veo esa silueta con grandes alas, un escuálido cuerpo y supongo que eres tú, me envuelves en una túnica dorada y me cargas con facilidad, no me quejo, no digo ni una sola palabra, pero ahí están la decena ojos siendo testigos de como el tren me destrozo y me dejo con las ganas de conocer ese universo donde un personaje reía sin parar.

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