No camines tan de prisa.

 

Me visita el amor que divaga por las acciones simples de la vida, en la amabilidad de los momentos y en el bienestar de las personas que te hacen sonreír, el amor es una consecuencia de los sentidos despiertos, de los episodios llenos de paz y de una razón que pide a gritos un instante de solemnidad. Ahí están los engranajes que tiene una coordinación perfecta, que resuelven con severidad toda posible crisis, que están dispuestos a soportar todos los esfuerzos exagerados de aquel que dice que quiere huir y en el interior siente bonito.

Al final el amor hace que reflexionemos y nos enfoquemos en lo que es verdadero. No puedes ser indiferente al amor que te brindan, no puedes escapar con un brusco giro, no puedes negar lo que se percibe en el ambiente atolondrado por un aroma a rosas recién cortadas. Ahí estas a la deriva encomendándote a tus creencias y haciendo todo lo necesario para sentir eso que llaman amor, hace algunas semanas decías que no era posible te fijaras en ese sentimiento explosivo y ahora estas flotando en un océano lleno de cosas que debes poner en su lugar porque de repente el amor de golpeo y perdiste la brújula y ahora agradeces tan relevante hecho, sigues aturdido, pero consciente de lo que te pasa por la mente y se refleja en el corazón.

Piensas y piensas sin tener conclusiones precisas. Haces una recapitulación inexacta y todo comenzó desde aquel día en que lo viste sin hacer juicios, entre silencios permanencia, solo escuchaba y se mantenía discreto, después los acontecimientos te revolcaron, te hicieron perder el rumbo, despertaste en un caos y ahora solo piensas como si no hubiera mañana. Ahora te mantienes en una calma inaudita, gozas de cada minuto, te sometes a rigurosos cuestionamientos y quieres que llegue el día para encontrar su delicada sonrisa, esa que se oculta, pero al sobresalir es genuina. El amor me visita y me tiene en una pausa acogedora, en una meditación infinita, en un vaivén de colores tenues y que me invitan a no salirme de este escenario lleno de gozo y majestuosidad.

Tengo miedo de que el viento te llevé y te extravié. Quiero que permanezcas toda una vida, que no te vayas de las decenas de imágenes que se quedan por horas en esta habitación y que seas parte de la inspiración, de la sensación de crear, de la magia de satisfacer al arte, quiero que seas un ángel dispuesto a azucarar todos esos terrenos que están durmiendo por algún extraño motivo. Quiero que resuene tu voz por todos los recovecos permitidos que termines con el silencio sepulcral de esta urbe invadida por letras y tardes en soledad. Es posible que despiertes mi locura y que pongas atención a lo que escribo, ahí existen mensajes ocultos y recurrentes, ahí están todas las piezas que arman el rompecabezas.

La visita fue tan sorpresiva que necesito que no se termine que el amor se quede por un inmenso rato y que me de argumentos para debatir, besar, reír, intuir, encontrarme con el placer, canalizar la energía y compartir con delicadeza todo lo que nace y se desarrolla en este insoportable cuerpo. El amor me da una esperanza para implicar mis aventuras en aquellos callados deseos, en esos movimientos que cautivan, en esos ojos que brillan y que clavan flechas sin darse cuenta. No camines tan de prisa, espera a que la noche nos seduzca y nos permita decir todo aquello que nos reservamos, deja que esos ruidos intermitentes que llaman latidos sean nuestro arrullo y después sin excusas quedarnos en la espera para volvernos a ver.

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