Hervir.
Mi cuerpo hierve cada vez que apareces en los sueños recónditos que salen a
reinar todos los extremos de la cama, te quedas vigilando como doy vueltas,
como el respirar se acelera y se calma cuando con ternura regresas a la cueva
de las tentaciones y te quedas esperando mis distracciones para volver a
atraparme en erupciones mentales y reacciones corporales.
Eres la gracia que de manera recurrente trazas caminos que evolucionan la inspiración
para seguir prolongando el cuento de días que se trastornan en rojo y las auras
se distinguen entre los tonos azulados de las canciones que rondan con precaución
todos esos lugares donde hemos posado, hemos callado y hemos adjudicado victorias
con deseos. Eres el atrevimiento que con una sonrisa puede corromper la firmeza
de una meditación autentica, esa energía que somete todos los sentidos en una conspiración
de sentimientos iracundos, sabes que con un simple movimiento puedes enmudecer
a media ciudad, que eres el detonante solido de las tardes agitadas donde la
verdad es una halagadora caricia.
Eres la picardía que se refleja en el blanco de aquel monumento que muchas
veces ha sido parte de tus reseñas emblemáticas, te conviertes en memorable
cuando sueltas un chascarrillo en medio de las fuentes que por las madrugadas
duermen, esas bancas que han sentido el calor de tus tenaces comentarios están esperando
vuelvas para escuchar la claridad que guardas para mejores instantes. Eres
quien con un beso reiteras que no hay equivocaciones, que solo deben existir acciones
que abran las puertas del cielo, del infierno, del espacio donde haya una
franca transparencia de cualidades brillantes.
Aquel ventanal hierve, las emociones están dilatadas, estoy esperando a que
los días lluviosos hagan una tregua o me den una pauta para comenzar a escribir
una de esas historias que la mayoría ignora, pero en la vida real sucede,
quiero plasmar letras y decir que los sentimientos nobles son una constante,
que los buenos corazones son capaces de florecer cuando hay razones palpables,
que los creyentes en el amor están despertando, que no es la imaginación la que
nos amarra a creer que hay tiempo suficiente para darnos cuenta de lo bello que
es comprender al otro. La habitación hierve, quizá sea mi entusiasmo o mi hartazgo
al ver los demás huyen de lo que es un espiral de gentileza, estoy esperando a
que los exploradores vuelvan y me cuenten con lujo de detalle que es lo que
significa la bondad en lo que parece un mundo somnoliento y lleno de miedo.
Soy un manojo de nervios al sentir como tus ojos son disparos que penetran
la armadura que traigo puesta, soy quien se desbarata al observar como la luna susurra
un plan maestro, soy el relámpago que asusta a los inocentes, soy la lentitud
que revienta la desesperación de los antipáticos, soy un osado al inventar un
cuento donde no hay hadas, soy el que se derrite con el silencio de tus rutas
abreviadas. Sigo hirviendo, porque me haces compañía, siento tus exhalaciones, me
hablas cada vez que quiero pensar en otros trayectos, eres una travesura que no
deja que haya serenidad, eres la posibilidad de una locura permanente.
Abro el ventanal para que todo se refresque y vayas por unas cuantas
ilusiones, que camines por esas calles que tanto te cautivan, que ratifiques la
veracidad de los impulsos, que vengas por mi y me des una motivación extra que
acabe con la incertidumbre, que no me sueltes, que insinúes con sutileza que hay
una resolana esperándonos a la entrada de la obscuridad que nos estremece, que
hay una ecuación resuelta que explica de forma magistral lo que nos sucede, lo
que nos hacer hervir.
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