Mentada de madre.

 

En la orilla del riachuelo observo como los pensamientos se aceleran al evaluar las sorpresas del destino, en esos pequeños impactos que dejan grandes abolladuras en las buenas intenciones, en esas pulsos que se distorsionan al escuchar las canciones que tanto motivaban la existencia, no tengo reclamos, ni guardo rencor, no tengo motivos para maldecir, tampoco se me ocurre manifestar mis inquietudes en estas horas grises.

Me hundo en la quietud de las dudas que resaltan como si fueran renacuajos queriendo escapar de la simpatía infantil de un domingo por la mañana, mis pestañas rechinan cada vez que me limpio una lagrima pasajera, todos se han quedado con cara de asombro al saber lo ocurrido, como si fuera una especie de sacudida digna de consagrar como una lección que todos deberíamos repetirnos cada vez que abrimos los ojos, pero el sentir es temporal, todos volverán a sus trincheras esperando el siguiente bombardeo de palabras altisonantes y arrogancia extrema, quieren seguir peleando como si lograran una conquista de paz y compasión, los irreverentes se engañan, piensan que serán eternos en esta teoría de búsqueda constante, pero los días pasan y todo se va terminando de una manera abreviada.

El intrépido sonido de un motor me hace despertar de mis sueños guajiros. Me limpio el sudor y me levanto de aquella silla, me asomo por la ventana y el roble que tanto idolatraba ha sido talado, que injusticia, se acabó la gloria en mis ojos, la naturaleza que realzaba mis voluntades para observar hacia la calle fue clausurada de una forma cruel, los pájaros dejaran de cantar, todo se ha modificado de una manera atroz, así es la vida, de repente amanecemos con noticias que dinamitan la conciencia y destruyen ilusiones, con episodios que nos obligan a verificar si estamos en la pesadumbre o en la ingratitud, vaya dolor, no lo sientes, porque eres un distractor genuino, que desea las cosas fueran diferentes, te asusto, te miento la madre, para que me dejes comprender y me des la pauta para escribir todo lo que me he tragado en mis noches de cansadas caminatas, en ocasiones la mentada de madre te enciende y sigues picando mis escandalosos síntomas de no querer interactuar con un el mundo agitado, sigues aquí queriéndome dar abrazos y eres una energía que solo quiere mi bienestar, al final acepto, nos duele tanto lo que paso y a ratos se nos olvida, te vas repentinamente y me dejas con la incertidumbre, volverás hasta que las ganas te sugieran molestarme y aquí estarás rondando mi cabeza y pidiéndome explicaciones, eres producto de mi imaginación, eres un rebelde sin causa que aparece sin avisar.

Hago el esfuerzo y retorno a la realidad, aquí estoy comiendo sanamente, corriendo una decena de kilómetros, atrayendo a la paciencia, orando porque que haya prudencia, segmentando todas las versiones de lo dicho, esperando a que se filtre la información, sigo en la orilla del riachuelo y me sereno, me dejo llevar por los aleteos de los ángeles que de vez en cuando me visitan, agradezco por cada momento, intensifico mi paz interna y me dejo amar como yo amo. Veo a aquel con su rostro desencajado, en su trinchera esperando la pedrada que lo deje sin argumentos, esta espantado, pero en el fondo sabe que sus provocaciones lo tienen así, ahora desea que sus decisiones hubieran sido otras, ahora debe de afrontar al ejercito que lo anda buscando, solo queda morir de miedo o que del pecho salga un recurrente recordatorio para que todos visiten a su adorada madre.

 Ha vuelto mi amigo imaginario para carcajearnos del sujeto que está atrapado entre espinas y amuletos, entre lo maravilloso y lo obsoleto. Ojalá sea un buen espectáculo y no termine siendo una mentada de madre.

 

 

Comentarios

Entradas populares