No se puede ser bueno a medias.
No se puede ser bueno a medias. Con unos eres una
cucharada de miel y con otros un sorbo de salsa picante, no puedes andar por el
mundo cargando rencores como si fueran adornos, no necesitas estar sosteniendo
todo eso que ya paso hace mucho tiempo, no debes jugar al ajedrecista y manejar
a tu antojo lo que va a pasar o dejara de pasar. Tus miedos se desbordan, te
hacen pensar en las posibilidades, te revientan la mente de culpas y te
revuelcan en resentimientos, al final has perdido la brújula, te quieres
proteger de tantas cosas inconclusas, de esos enfados que ya caducaron, no
puedes exagerar cuando sabes que el presente puede dar paz inmensa.
Parece que te esfuerzas por consagrar tus ideas añejas, quieres
tener la razón y construyes muros gigantescos, juzgas de manera deplorable, supones
de forma equivocada, insistes en buscar culpables, reprochas como si tus
acciones fueran una cadena de plegarias bondadosas. En el fondo comprendes que
hay caminos que debes transformar, pero no sabes que hacer, quieres que el
mundo camine conforme a tus decisiones, te aferras a tus perspectivas, te
alejas de lo espiritual, tergiversas lo que otros quieren comunicar. Caes en
una trampa con todas esas acumulaciones que son ambiguas, buscas la manera de
invalidar el sentir y el pensar de los demás, sientes la asfixia, pero no te rindes,
sigues pataleando con tal de sentirte feliz con tus determinaciones.
No quieres experimentar en el lugar del otro. Prefieres la
comodidad de tu postura, de tu papel, de ese personaje que va cortando flores
para dárselas a quien mejor convenga esperando recibir lo mismo y eso con
frecuencia no pasa. Sin querer te quedas en esa jaula que es imponente, nutrida
de silencio, con un amplio espacio para sobrellevar la vida, donde las
emociones se vuelvan una orquesta desafinada, ahí pierdes los estribos, queriendo
huir de la realidad, pero no hay marcha atrás esto es lo que hay y se debe
construir algo que genere armonía.
Te quejas, en ocasiones lloras, te duele la cabeza, el
estomago se revuelve, la pesadez llega de golpe, pero no intentas hacer cambios
significativos, piensas en lo que quieres para los demás y te olvidas de ti, te
quedas en un desierto, en una desesperación, en la inquietud, en esa densa manía
de sobrepensar. Esperas que todo mundo de diga que sí, porque tu no sabes decir
que no y es ahí cuando comienza una batalla campal, quieres tener el control y
eso te ha costado demasiado.
Quizá cuando pongas cada cosa en su lugar y dejes que en
verdad fluyan las cosas, muchos sufrimientos se irán sin avisar, sentirás de
esa paz de la que tanto te hablo, aliviaras dolencias, sabrás que el oponerte
no es una opción, desecharas eso que tanto te pesa y conocerás nuevos senderos.
No busques respuestas, hazte preguntas, cuestiónate de forma honesta, que la
sinceridad recorra cada parte de tú existencia, así causaras un caos de
pensamientos renovadores que te impacten y te hagan despertar en ese lugar que
es maravilloso.
Abre ese veliz lleno de cuestiones obsoletas. Busca el
cesto de basura y comienza a depurar, la cuenta regresiva es inminente y no
puedes andar de un lado a otro cargando con tantas piedras, gira hacia el otro
lado y evita las devastaciones, mejor camina por esa orilla y descubre que los
hilos van desapareciendo para dejar libre a los perros que tanto ladran y
quieren ir al paraíso que tanto te niegas.
No se puede ser bueno a medias, es momento que revises tus
anotaciones y taches lo que no tiene sentido.
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