Le conté a mi madre.

 

Aproveche para ir a bolear mis zapatos. Tengo que llegar reluciente a la reunión que tanto esmero han preparado desde hace doce meses, nos encontraremos los viejos amigos de preparatoria y festejaremos de una forma prudente, pues la edad no nos permite andar desnudándonos por los pasillos, aquellos años donde nuestras acrobacias fueron aplaudidas hasta por extraños ahora son hazañas para nuestros conocidos.

Han pasado cuarenta años desde que la prepa se termino y muchos decidieron forjarse como profesionistas, yo me atreví a tomar las riendas de unos cuantos negocios que tenia mi padre en el abandono y con dedicación pude sacar a flote lo que estaba en ruinas, no tuve tiempo para tener una relación amorosa que prometiera durabilidad, la verdad no quise arriesgarme después de escuchar lo nefasto que es divorciarse, me dedique a viajar por el mundo, a coleccionar corcholatas, bolígrafos y utensilios de cocina, a cuidar de mis padres y a escuchar una y otra vez la música ochentera mientras arreglo constantemente el amplio jardín que mi hermano cuidaba con tanta pasión hasta que un día su corazón no resistió y quedo tendido en medio de sus rosales.

Cuando recibí la invitación, mis manos comenzaron a sudar, pensé inmediatamente que se trataba de una broma, pero no, ahí estaba mi nombre entre las veinte siete personas que quedamos con vida, once han dejado este mundo y es lamentable, pero sonreí al saber que alguien tiene la disposición de verme y saber de mí. Tendremos que encarar nuestras arrugas, contar nuestras tantas anécdotas, presumir de lo poco o mucho que hemos logrado, soportar la petulancia de unos cuantos y evitar los lloriqueos solo por el hecho de recordar.

Le conté a mi madre y me dijo ve, no te pierdas ese sucedo que no volverá ocurrir, solo ten en mente que tu padre ya no pudo llegar a la reunión de jubilados y tantas ganas tenia de vociferar que por fin iba a conocer Egipto, pero no llego, se marchó con tantos deseos y me dejo las deudas, pero yo si me tomare el tiempo para ir a conocer las tumbas faraónicas, no me quiero morir y si pronto me invitan a reencontrarme con mi grupo de lectura bíblica, por supuesto que iré, aunque parezca un descaro, claro que me presentaría y les repetiría mis ultimas impresiones sobre la vida de esa fulana que quería conquistarte para adueñarse de tus negocios, jamás permitiría que una jovencita se te metiera y te dejara en calle.

¡¡¡Ay, mi madre!!! No puedo controlarla, siempre tan efusiva en su modo de opinar y yo casi un sesentón aprendiendo a ignorar las quejas constantes, las contradicciones, las repetitivas historias que me cuenta y lo mal que se expresa de mi padre, el pobre ya no puede defenderse, esta tres metros bajo tierra implorando no rencarnar y encontrarse con la mujer que lo atiborro de grandes responsabilidades para llevar un estilo de vida frívolo y efímero. Mi madre tiene tres años que no sale de la casa, tiene miedo a los juicios, a las críticas, pues la viudez la dejo en los huesos y es día que no se puede reponer, las arrugas son evidentes y la vanidad es desquiciante, por eso hoy le redoble la dosis de sus calmantes para poder salirme y gozar de una velada llena de hipocresía y de revivir cosas que están en el olvido.

Imagíneme como me veo de traje gris, camisa blanca, corbata roja, espero que alguien tenga ganas de quitarme la ropa y descubrir lo que fue y ya no será, esta es la terrible realidad de un solterón anhelando un escape, aunque sea fatal.

Dios quiera mi madre no este despierta cuando regrese.

Comentarios

Entradas populares