No cedas a las provocaciones.
No alimentes el morbo de esas personas que suponen lo que sucede en tú
vida. No les des el material para que hagan una novela sin trama, sin sustento
y con excesivo drama, no dejes que los añicos de las posibles colisiones terminen
alimentando su fabrica de veneno, solo deja que fluyan sus invenciones y diviértete,
no te preocupes si lo dicen es algo ingrato y cruel.
Reposa en aquel espacio que has acondicionado para reflexionar, observa
como el aire mueve los árboles, como la lluvia hace de las suyas, disfruta el
aroma, conserva la calma, retoma esas pequeñas frases que te han impulsado a no
angustiarte, recuerda cada una de tus hazañas, reconoce esos momentos de
incertidumbre y explora la experiencia una y otra vez hasta que te quede claro
que no puedes tener el control sobre los demás.
Desenreda todo eso que te hicieron creer, limpia el sitio y descubre lo
maravillosa que es la vida, encuentra la luz y resalta tus bondades. Despierta
en esas inquietudes que muchas veces déjate reservadas, entérate de la verdad,
manifiesta eso que te hace mejor persona, traduce lo que esta pasando como un
juego de azar que pronto se resolverá, define los siguientes pasos y deja de tirar
la tinta en esas hojas que serán insuficientes para contar lo que realmente paso.
Reitero no des más de que hablar cuando las lenguas están exhaustas de dar
detalles imprecisos, no busques ser protagonista de sus historias enfocadas en
la destrucción y la intolerancia, ríndete y compórtate como una figura emblemática
y digna de ser recordada como un ser de gracia y bondad, ten fe de que dejaste
buenas impresiones y libérate de las frustraciones que torturan a aquellos que
te recuerdan de forma hostil.
Oculta tus próximos movimientos, como si la tierra te tragara, no dudes en resguardar
aquello que te hace diferente, quédate un buen rato en ese lienzo que te
reclama, goza de la tranquilidad que tanto exigías, resígnate a que las habladurías
seguirán con la intención de provocar catástrofes, no tengas miedo, simplemente
cede a la transparencia de tus instintos, relaja el cuerpo, escucha el crujir
de la pequeña choza que te cuida y de cobija, que los nervios no te ganen y las
pesadillas no te alcancen.
Hay insinuaciones de que el trayecto puede cambiar, hay alertas que proyectan
un posible caos, pero entiende que todo es pasajero, que muy pronto podrás salir
a pescar, a leer o refrescar la memoria de aquellos que se atrevieron a decir que
eras de lo peor. Por ahora solo te queda esperar y dejar que el huracán actúe,
que el volcán erupcione y la sismicidad sea mínima, no desesperes, no quieras
estropear lo que has conseguido, ata esa rebeldía, no te compliques, no cedas a
las provocaciones.
Utiliza la irreverencia para calcular los daños, para invertir en la reconstrucción
y sostener la pesada loza de todos esos cuentos que tienen una onda expansiva incesante,
que genera un ruido atroz, que enjuicia de una manera aplastante, saca esas
fuerzas que has cultivado, resiste el embate de las mentes inmaduras y contempla
el poder interno que te empuja a respirar en el presente.
De nada sirve dejar pistas falsas, imágenes grotescas, señales ambiguas,
eso solo invade lo que buscas, eso muerde lo que deseas, eso desestabiliza el
tiempo que te corresponde. Corre y cierra la puerta, que esos títeres no entren
a tus aposentos, que esos hipócritas se queden afuera festejando pequeñas victorias,
que esas frivolidades andantes mueran en sus propios cultivos de maldad.
Solo te queda la convicción de seguir y agradecer lo que hoy te abraza sin
malas intenciones.
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