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El sermón del domingo.

 

Me dices que me tomo las cosas de manera personal. Espero en algún momento hagas el ejercicio de invertir los papeles, seguramente no te agradaría, terminarías con la molestia a tope y harías hasta lo imposible por arreglar lo acontecido. Pero la realidad nos indica que estas del lado que ofendió, que despotrico, que afecto y que prefieres evadir el tema para salir sin rasguños, asumes que quedo atrás.

Mira que después de aquella terrible discusión salí corriendo de la escena para no manifestar mis sentimientos, no me interesa dar conocer mis puntos de vista, porque seguirás con la postura de que fue un instante repentino de furia y desahogo. Con el tiempo la amnesia se hará presente y no reconocerás que te equivocaste y que debiste serenarte para que las cosas no se salieran de control.  No puedo creer que todo haya comenzado por el tema de la herencia y las infinitas preguntas, de que se hará cuando firmemos los acuerdos, que si alguien en el momento no quiere, que si mejor vendemos los terrenos y hacemos lo que nos plazca, siempre quieres boicotear la armonía que tantos años nos ha costado. Ya está decidido los terrenos se conservan y cada quien construirá, somos siete en esto y así se mantendrá, pero prefieres comenzar a gritar y a menospreciar a los demás con etiquetas hirientes y cuando todo esta hirviendo prefieres mentarnos la madre y encerrarte en la habitación que era de nuestros padres.

Hoy que festejamos tus cincuenta años decides protestar una vez más.  La fiesta se fue al carajo, el tequila te hizo efecto y la lengua se te fue al punto de correr a todos, no piensas las cosas, creo que el resentimiento ya te manoseo hasta la poca bondad que te quedaba. Tan cruel eres, que tus hijas ni vinieron, quizá sabían que esto ocurriría, ya no sé qué hacer contigo, mira qué familia no podemos dejar de ser y yo como tu hermano mayor debo hacer que entres en cordura. Es una lastima que no aprendas de todo lo que te sucede, cuantas cosas has superado y sigues con ese carácter que hace que todo sea una discordia, desde niña fuiste peleonera y arrebatada, eres tan conflictiva, ahora entiendo porque llevas tres divorcios y porque tu hijo se fue hasta el otro lado del mundo.

En fin, no sé qué harás con tanto pastel. Espero que te sirva para reflexionar de manera dulce y te des cuenta que tus palabras se salieron de proporción, que no debiste de mencionar aquello que pone mal a nuestros hermanos. Eres una tirana y no dejas que los demás gocen de los momentos felices. Qué bueno que fui y no explote, fue lo mejor para que las cosas no terminaran en tragedia, me gustaría confesarte que no me queda mucho tiempo y por eso es urgente que quede todo arreglado, pero me resignare, dejare que las cosas fluyan y que pase lo que tenga que pasar.

Quizá me lloraras de manera desconsolada y me pedirás perdón por cada uno de tus arrebatos, pero ya no habrá espacio para conversar, será una calamidad que todo acabe de una forma dolorosa, pero no quieres ceder, no quieres cambiar, no quieres entender que los demás merecen vivir en plena tranquilidad. Espero que mientras me quede vida, haya un giro inesperado y te convenzas que nada nos llevaremos, que es necesario repartir los bienes y acabar con los problemas.

Mi corazón tiene que resistir y deseo que un día despiertes de buenas y me digas que por fin estas dispuesta a ir con el notario, que ya no quieres pelear, que por fin entendiste el sermón del domingo y que quieres remediar todo en santa paz.

 

 

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