Ceros.
En este día la soledad te
puede traer hermosas experiencias y recuerdos que estaban en el limbo de tu
recorrido, es un día donde debes reconocer como el tiempo ha dejado huellas
imborrables.
Observo la arrogancia con la
que se manejan algunos individuos queriendo marcar diferencia con un atuendo elegante,
un reloj en el puño tan grande como el que tengo en mi pequeña cocina, una
camisa arrugada, cabello desalineado y zapatos bostonianos marcados por los
cientos de charcos que hay en la ciudad esos mismos que llegan y se plantan
bajo la sombra de un escritorio dejando que el tiempo vuele para poder escapar
de la realidad normada por las etiquetas. Mientras tanto en una de las avenidas
más grandes de este país hay una clásica manifestación con un sin número de
campesinos exigiendo lo que no llega a sus comunidades, desafiando al sistema y
queriendo abrir la caja de pandora para saber dónde están esos recursos
prometidos y entregados a quien sabe quién. Esos cuerpos sudados de hombres y
mujeres entre esa ropa liviana caminan con la esperanza que alguien se asome y
escuche las peticiones, esos pies cansados y agrietados son incansables y todavía
están dispuestos a continuar, esas voces maltratadas no se desvanecen entre el
bullicio de los quejosos e indiferentes que todos los días hacen sus tres
comidas y tiene la oportunidad de vivir cómodamente.
La injusticia nos ronda de
manera temible y es inoperante en el momento de repartición, cuantos carros del
año se detienen en el semáforo y mientras esto pasa se levanta un ejército para
pedir una moneda vendiendo chicles y haciendo malabares. Hemos quedado ciegos
ante los esos seres que son indefensos, víctimas de la escasez y de los
empresarios sin visón que han propiciado una catástrofe porque se programaron
para multiplicar y sumar como locos despiadados sin pensar que también hay que
compartir.
Hay quien su cuenta bancaria
tiene infinidad de ceros y todavía piensan en agregar algunos más, en definitiva se puede
destacar que han sido hombres y mujeres que por sus capacidades han tenido ganancias
enormes en lo monetario pero están vacíos en lo espiritual, ¿Cuántos de ellos
se preguntan si alguno de sus empleados comió hoy? ¿Si su salud es formidable? Solo
importa si llego, si está en su lugar y si está simulando producir. Esas
personas no les agrada se les cuestione, siempre tiene una respuesta para
salirse por la tangente y quizá piensen que mientras la empresa les de los
grandes beneficios económicos tiene que defender la camiseta aunque no haya
claridad en el concepto de calidad.
Me entristece que los
pilotos de una aeronave hagan cualquier maniobra para que la turbosina dure indefinidamente
no tomando en cuenta si se llegara al destino sano y salvo. Me consume saber
que el pastor de las ovejas no busque otros campos donde pastar mientras que si
él tiene hambre mata una de ellas y listo. Me enfurece saber que el dueño del
circo deja que los payasos exageren en su actos cuando al trapecista le pide
mesura que no se arriesgue, que haga lo de siempre y que lo quiere ver día y
noche entrenando.
Entre los manifestantes y
las oficinas hay luchas que no se deben de silenciar, quizá el silencio es una opción
pero nos convierte en presuntos implicados del sometimiento intransigente que
sin darnos cuenta alimentamos por no expresar lo que sentimos, por convertirnos
en un siniestro esclavo de los que manejan el poder, somos corruptos con
nuestros ideales, mientras algunos eructan porque están satisfechos y reposan
para seguir consumiendo del suculento banquete.
La soledad es una manifestación
que carcome o que nutre depende de que zapatos traigas puestos.
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