No te calles.
Es preciso decir lo que sentimos y
pensamos.
No podemos permanecer callados y en un
silencio que nos devora, es válido y justo sacar todo aquello que se mueve en
nuestro ser para encontrar acuerdos, afinidades y aciertos que nos lleven a
celebrar momentos de empatía. Tendremos diferencias que nos pueden confrontar y
llevarnos a disgustos pero esto es parte del proceso que nos enriquece el alma
es necesario realizar debates y reflexiones que nos den conclusiones para hacer
cambios significativos.
Si te levantas con todo el ímpetu para realizar
tus actividades y sales al mundo vertiginoso, te pierdes en la multitudes, vas
pensando lo que harás y proyectas lo que puede venir, te agitas y tu impulso es
grande para conquistar cosas importantes, no te detienes ni un minuto para
empaparte de pesares, eso es lo que hace que trasciendas y consigas momentos indescriptibles.
No faltará quien te quiera poner el pie, quien te quiera hacerte pequeño, aquel que caiga en la comparaciones y
busque a toda costa acuchillarte sin saber cuáles son tus razones y tus
cuestiones, son los mismos que se pasman cuando escuchan voces firmes y sin
miedo al riesgo que eso implique.
Tristemente hay seres humanos que ven a
otros como números, estadísticas, reporte de ganancias, sin ocuparse del
bienestar y el andar de esos seres que son únicos e irrepetibles, que nos
pueden enseñar mucho y dejando aprendizajes extraordinarios pero no toman
riesgos construyen corazas impenetrables y eso atrae un frio que mata toda
posibilidad de acercamiento y de acuerdos objetivos. Todo se congela en medio
de un escenario que puede ser cordial, todo se pierde en palabras que se callan,
en imposiciones groseras que truncan lo que puede ser histórico.
Es una mañana fría donde veo como mi taza de café se consume a cada trago que
doy y analizo mis respuestas ante esos cuestionamientos que fueron como flechas
con veneno y gozo con plena alegría que he salido ileso y satisfecho de mis
contestaciones ante la realidad que es honesta y clara. No tengo miedo de lo
que unas palabras puedan provocar cuando estas describen con exactitud lo que
pasa y lo que reina en un mundo donde hay concesiones a los que arrojan números
y los que se deshacen en halagos que son
innecesarios o fuera de lugar. Simplemente cumplí aquello que me propuse decir
lo que pienso y siento y no caer en el monstruoso sí señor.
No podemos crucificarnos y ponernos un letrero
de tontos cuando somos individuos pensantes y que tenemos esa libertad de
expresarnos con contundencia y sensatez, no podemos sabotearnos por miedo a
perder, no debemos permitir nos sobajen y nos quieran manipular, antes de dar
resultados somos seres humanos con sentimientos, emociones y pensamientos,
aseverando que somos los únicos dueños y nadie puede manosear. Nuestro estado
de ánimo es una elección que decidimos y que debe ser muy personal.
Que ese ánimo con el que te levantas no
se apegue por las frustraciones de los demás, que las limitaciones que tengan
los demás no sean una piedra que detengan tus pasos, que los enojos que emanan
los demás no te afecten, si existen negativas encuentra lo positivo y cambia de
rumbo. No entres al mundo de los arrepentimientos y dudas cuando tus palabras
son sólidas, comprobables y adecuadas. Que aquellos prejuicios no te condenen,
que las opiniones se los demás sean eso y no se conviertan en una prisión.
Ha sido un día frio con cierta sutileza invasiva
de rebeldía en mi tranquilidad pero con una actitud campante que no se inmovilizara
por las ambiciones y márgenes que tengan seres que han perdido su capacidad de
soñar y sobre todo que ocultan sus raíces.
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