No camines descalzo.

Fue una extensa bocanada antes de que se te acabaran las ganas de decirme eso que con los ojos me explicabas pero no podía adivinar, esa angustia que se traducía  en las venas de tus manos tirando fuertemente de las sabanas y esa desesperación en el pataleo de tus pies eran una señal de que la vida se te escapaba.

La madera de la cama rechinaba como si esta se fuera a desmoronar mientras la lluvia caí con fuerza desmedida, el granizo se reventaba contra los cristales dejando constancia en mis emociones despavoridas en ese cuarto obscuro y frío, donde mis lágrimas brotaban y se desparramaban sobre el pañuelo tan húmedo como algodón en alcohol. Mis esperanzas parecían perderse en los charcos que se formaban y eran perturbados por los neumáticos de esos automóviles que marchaban a vuelta de ruedas.

Mis labios resecos parecían sangrar en esta espera que me condenaba a fatigarme mentalmente, era obvio que las noticias no eran tan alentadoras pues después de todos los golpes recibidos, era un milagro que sobreviviéramos, todavía recuerdo el rechinar sobre el asfalto mojado y los gritos de las personas que solo corrían a socorrernos, sentía como me jalaban las piernas sin lograr zafarme de esa posición de contorsionista en la que quede hasta que por fin alguien me libero la cabeza y pudieron deshacer el nudo en el que me encontraba.

El sufrimiento esta en donde lo coloquemos y nos pueda despedazar, hemos encontrado la indiferencia como antídoto a la cruel realidad, la muerte siempre nos está observando y nos va dejando pues quizá considere que tenemos muchísimas cosas que hacer en este espacio que se perturba al menor movimiento y que inexplicablemente consigue que nos demos cuenta de cuánto vale nuestra existencia y la de los demás de forma dolorosa es una constante pero no algo que deba marcarnos como esclavos de los malos momentos.

No camines descalzo por esos trozos de vidrio cuando sabes que te lastimaran, no bebas exageradamente cuando sabes que tu boca es un peligro y que tus sentidos se vuelven inseguros, no fumes si después no soportaras la intensa tos, no entregues todo si después te quejaras que no te dan nada. La vida es una tómbola, es esa ecuación impredecible donde el resultado se basa en equilibrio y picardía. Que historia contaras a las generaciones que nos están alcanzando cuando la pereza no te deja ni decidir qué será de este país aplastado por la opacidad y la ruin corrupción, esa seductora flojera nos está alejando de la claridad y la sintonía despojándonos de la capacidad de pensar y defender nuestros derechos.

Las cosas salen de proporción cuando no se amoldan a nuestro acostumbrado nivel de pensamiento, cuando nos da temor de romper ciertos estándares, cuando los miedos son grandes entonces creo hay que atrevernos y atravesar esas líneas delgadas para saber qué tan efectivos somos para desarrollar una idea y respetar nuestra esencia. En ocasiones pareciera que nos señalan, que nos condenaran pero quizá eso sea una idea paranoica pues creemos que somos el centro del universo y la realidad es que nadie lo es.

Tú decides en que momento te vuelves recuerdo, fantasma, olvido, tú decides si sigues presente y logrando objetivos. Tú decides si gozas o sufres, si eres responsable o irresponsable en tus acciones, solo tú eres dueño de tus emociones, sentimientos y acciones. La historia que hoy estas escribiendo para algunos será maravillosa y para unos cuantos será infame y aunque las opiniones sean disparejas el camino nos ordena a continuar dejando que todo fluya por el bien del mundo que seguimos construyendo.



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