Ahí vienen los saqueadores.
¡Cuidado muchachos ahí
vienen los saqueadores!, gritaban ingenuamente unos fulanos desde aquella
colina cuando realmente venía en caravana
adorando al santo de aquella hermosa localidad, compartiendo la celebración como es la tradición,
podríamos decir que se respiraba la
esencia de un hermoso clan.
No podemos acusar a
nadie de actos que solo se crean en una imaginación déspota y prepotente, no
podemos señalar como un hecho consumado cuando las tradiciones se siguen al pie
de la letra, cuando la santa paz está en los corazones de los que asisten para
convivir y participar como firmes creyentes que la familia es primero. Quisiera
desmenuzar el veneno de aquellos que actúan de forma cruel, creyéndose los
dueños absolutos cuando solo tienen una módica participación de un imperio que
se ha generado con esfuerzo y decisión, quisiera protestar de forma dolosa y
con palabras groseras pero hay quien no entendería la magnitud de lo que trato
de explicar con tan solo unas frases, sería como despojar a una la princesa de
un trono que solo está compuesto con tiliches y algunos otros adornos
brillosos.
Seria apretar un botón
y desatar una batalla nuclear que terminaría con mentes cegadas, pervertidas,
insultadas y perjudicadas, es mejor saber que lo que está unido por siempre así
permanecerá así pasen huracanes, sismos, ignorancias con cerebro que solo hacen
que prolifere la discriminación y el mal gusto en la forma de expresarse. Esos
fulanos estaban equivocados porque veían algo que no es y que no será, actuaron
por su instinto, su miedo a perder lo poco que tienen, por eso confundieron la procesión
como un tumulto de forasteros. Al final esos fulanos se llevaron hasta los
cirios del santo según ellos para alumbrar sus hogares en época de tinieblas y
espantos.
Pero es importante
poner en claro los términos para que no haya más confusión. Saquear es Apoderarse
de algo, empleando la violencia, de las cosas que se encuentran en un lugar y
compartir es dar parte de lo que se tiene para que otro pueda disfrutar
conjuntamente con ella. Entonces está claro que no hubo violencia cuando
aquella caravana disgustaba aquel banquete de deliciosas carnes y bebidas
embriagantes simplemente estaban compartiendo de forma serena la tradición de
comer, beber y vivir con júbilo la festividad.
No hay razón para
ocupar un término que esta rotundamente fuera de lugar. No podemos llamar
saqueadores a los que están invitados a
la celebración, no podemos producir injurias por un capricho o por sentir que
invaden un territorio redituable y esperanzador. Nada es para siempre según dicen
los sabios entonces hay que disfrutar el tiempo que nos corresponde, hay que
estar en paz los unos a los otros, hay que pensar antes de abrir esa boca que también
sirve para otras cosas, hay que respetar códigos establecidos antes de nuestra
existencia. En ocasiones los verdaderos saqueadores no se miran al espejo u
ocupan mascaras muy bien hechas para pasar sin recibir descalabros pero tarde o
temprano el verdadero YO levanta la mano para hacer de las suyas a diestra y
siniestra dejando desolación, angustia, dudas y paranoia.
Los seres humanos
nos internamos en un episodio de pirotecnia dejándonos sorprender por las luces
volviéndonos sordos y a su vez irreconocibles ante las emociones que aquellos estruendos
provocan en cada poro, en cada pensamiento, en cada impedimento para girar y
observar puntos que ahí están pero que no queremos ver. Un saqueador experto ocupa
sus encantos para hipnotizar a la víctima y dar zarpazos sin compasión hasta
dejarlo herido para después lamer las heridas y comenzar nuevamente con el
circo, la maroma y el teatro que de tanto reciclar quedara inservible y habrá que
ir a saquear a otro lado.
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