Un monstruo que no asusta.


Tus sofisticadas impresiones sobre lo que te persigue y te encarcela en ideas extrañas son las que quizá te confunden porque tu decisión es resistirte al cambio aunque el mundo necesite que escupas tu lado humano este se quedara perplejo en tus entrañas.

Despiertas como cada mañana acompañado de esas paredes amarillentas por todo el tabaco que absorbes en tus pesadillas, te quitas las lagañas que te estorban para observar lo que pudiera ser tu limitado universo en donde la ley de yo primero, después yo y al final yo es una constante que atraganta a cualquier alma buena que quiere ayudarte e impera para alejarte de lo que puede florecer en tu entorno.

Eres un monstruo con el corazón roto y la piel dura. En esa cueva donde guardas tus efímeros momentos de gloria, también entierras tus crueles derrotas porque no quieres saber de ellas, no has aprendido de ellas y quieres que se degraden con el paso del tiempo. Eres un ermitaño que solo busca la noche para olvidarte de lo que acontece en este camino fértil y que no se detiene. Eres un individuo que se alimenta de egoísmo buscando siempre las mejores justificaciones para quedarte aquí en ese refugio maloliente y donde la humedad acecha tu debilidad.

Te has camuflado para pasar desapercibido por la realidad porque prefieres estar entre los algodones forjados de ilusiones y de irreverencia grosera. Desconozco tu modo de actuar ante lo que te importaba, tu caminar es de una persona arrogante, tus expresiones son engendradas con lo soez de lo permitido. Esas ventanas rotas hacen que el viento te de una esperanza, te invitan a salir del escalofriante episodio por el cual atraviesas.

Esas manzanas y fresas no te duraran para toda la vida, tienes que salir a recolectar y cazar para poder sobrevivir pero prefieres estar en el columpio que construirte con aquellos restos de tus osadas batallas inconmensurables, intentas divertirte pero el juego no dura mucho por lo frágil que es, procedes a dormir para retomar fuerzas y esperar la luna como señal de victoria. Te enfermas por ese frio que ha penetrado en tu cuerpo, la mucosidad es señal de que te mantienes con vida porque te quedas inerte en esa montaña de trapos. Te reinventas gracias a que las estaciones te lo permiten y te enajenas con el volar de las mariposas que en ocasiones se posan en tu espelúznate presencia.

Esos días en los que decides volver al franco sendero de lo dichoso es cuando te cortas tus mugrientas uñas, te quitas esa barba que se asemeja a la telaraña de todos tus enredos y te limpias tu cara de forma delicada con esa agua estancada en los pequeños charcos de tu llanto acumulado. Te olvidas por unos días de tu obscura guarida y te pierdes entre las montañas que dejan mucho a la imaginación después vuelves con tu actitud e imagen andrajosa  y te tiras al lodo que se ha formado por el desbordamiento del riachuelo que viene desde aquel mar de emociones descontroladas pero únicas.

Eres un monstruo que a la vista de muchos eres invisible, eres un monstruo que no asusta pero dejas ese aroma de nostalgia que pocos atrapan, que pocos consideran como adorable. No puedes morir en esta tierra que no es de nadie, no puedes dejar este mundo porque te falta vivir, escupir y vomitar todo lo que no te parece, te falta comer lo que realmente apeteces. Eres de un tamaño indescriptible así como tus pensamientos somnolientos que te acosan para que no despiertes y caigas en el abismo de las revelaciones que hasta el momento están en un profundo silencio.


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