Flores y floreros.


Las flores se marchitan aunque les pongas del diario agua fresca. Todo es cíclico en esta vida y es por eso que todo se va transformando para tener un porvenir sin precedentes.

Entonces lo que hay que hacer es tener en cuenta que cada cierto tiempo debemos de cambiar de flores es decir renovarnos para no caer en una monotonía que puede ser cruel y que nos lleva al abismo del aburrimiento. Debemos de compartir nuestras experiencias de vida y tenemos la responsabilidad de no caer en las mismas equivocaciones ya que sabemos de las consecuencias.

Tengamos floreros que vayan con el ambiente que día a día construimos, salgamos al mundo a cumplir nuestros sueños y metas, hagamos el bien sin ver a quien, no juzguemos por las apariencias, no ridiculicemos a los demás por sus ideales, no pongamos el pie si en verdad amamos con el corazón.
Si algún florero ya no combina con nuestra sala de estar pues reemplázalo y contribuye para que el lugar conserve el aroma, la atmósfera de armonía y el colorido singular. No le des importancia a las acciones malintencionadas de los que solo buscan sabotear, da simplemente lo que recibes. Las flores siempre lucirán de forma excepcional en  aquel espacio pues esa es la meta para prolongar la felicidad y exista la confianza de contar historias que nos hagan crecer y debatir de manera especial.

Algunos aborrecerán las flores y se sentirán incómodos, otros las admiraran como si fueran sus amores y muchos no se darán cuenta de su presencia pues han perdido la capacidad de asombro. Algunos floreros se romperán con el paso del tiempo y es así como los ciclos se van cumpliendo dejando anécdotas formidables, momentos irreemplazables y cuestiones inexplicables. No remplaces lo natural por lo artificial, disfruta de las cualidades del ser humano con humildad y con respeto, no enaltezcas sus defectos cuando puedes gozar de sus virtudes.

No permitas que se marchite la cordialidad entre lo que parece una florería infinita. Hay claveles, rosas, aves del paraíso, gladiolas, violetas, casa blancas, girasoles, alcatraces, gardenias, hay un mundo de posibilidades para que los floreros estén llenos de expectativas y de amor. Hay que saber distinguir un buen florero con los llamados jarritos de Tlaquepaque que con cualquier testereo se rompen.

Las flores nos acompañan en momentos felices y tristes son parte de nuestro trayecto. Donde veas una flor habrá una situación memorable que narrar, donde haya un florero es porque siempre hay esperanza de tener un toque de luz. Cierra los ojos y recuerda ese aroma que ahora es inalcanzable pero que te transporta. Siempre agradece un ramo de flores, sea cual sea la intención pues esas flores marchitaran y merecen un buen trato, necesitan cuidados y alguien que las consienta.

Flores y floreros son protagonistas de nuestro andar por pasillos, salas, mesas, parques, calles y lugares inimaginables, son muestras de cariño y compañía, son recordatorios de afecto, son aromas que perduran por el resto de nuestra vida. Que agasajo es ver un florero repleto de flores aunque sabemos el desenlace de las mismas, así como cada uno de nosotros por eso vive tu estancia efímera como si no hubiera mañana, todo aquello que llega a tu vida es como agua fresca y todo aquel que te puede llegar admirar con un halago honesto no lo dejes escapar y hazlo amigo hasta el final.

Busca ese florero que te llene de dicha y coloca flores que te hagan conmemorar cada minuto de tu existencia, busca esa presencia a través de las flores y quizá el aroma te dirá algo en un eterno silencio que interpretaras de la mejor manera para después suspirar y volver a comenzar.

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