Mentando madres.
El punto de cordura
esta fracturado, las opiniones son diversas y la incertidumbre va madurando.
Una mañana
despiertas con una actitud ganadora, eliges la vestimenta adecuada para lucir
bien ante tus colegas, desayunas algo delicioso, conversas sin tapujos la vida
de fulano de tal, te preparas para salir y descubrir lo que te depara la realidad
envuelta en una bruma.
Te encuentras con un
tránsito insoportable, comienzas a escuchar las noticias y te percatas que todo
se inclina hacia lo negativo, eso te comienza a producir preocupación y hostiga
tu mente, ves correr a la gente ignorando lo que pasa a su alrededor, tu mirada se pierde esperando que aquello avance
y te permita sentir la libertad de marchar sin contratiempos.
Después reaccionas y
sabes que quizá tienes una vida más ligera, que la de muchos que van y vienen, es
cuando el egoísmo impera en tu existencia, solo repasas lo que para ti está
bien, lo que te hace sentir bien y por un momento dejas de pensar en la vida de
los demás porque no te interesa. Te envuelves en un armadura hecha por todas
tus comodidades, no te cuestionas, no quieres involúcrate en la tragedia de
aquel que tiene un mal día o le duele una muela, ya no escuchas tu corazón,
ahora eres un monigote que reclama todo aquello que puede fastidiar tu
trayecto, solo quieres escapar de escenarios donde el debate es primordial,
donde quieres que todo persista de la misma manera cuando hay cuestiones por
solucionar.
Todos se mueven con
base a sus intereses y no sienten compasión, todos quieren seguir ganando para
no sentir esa sensación de pérdida, la palabrería
se ha convertido en un arsenal poderoso que ataca al mejor postor, al que no está
de acuerdo con esto o aquello, el respeto está siendo pisoteado dándole méritos
extraordinarios a las creencias e ideologías que deberían servir para forjar una
unidad de argumentos para transformar todo aquello que no está bien construido.
Muchos se refugian
en el anonimato tomando con exactitud sus sagrados alimentos, mentando madres y
sin hacer absolutamente nada para que el cambio comience desde sus amaneceres,
muchos prefieren solo estar informados para saber qué medidas tomar pero no para
sumar en las posibles formas de remendar lo que esta violentado y saqueado.
Un día puede haber
desabasto de agua, otro de gasolina, pero lo que ha perdurado por años es el
desabasto de amor al prójimo, y eso si cala hasta lo más recóndito del ser
pasando por todos los rincones y perspectivas. Todos los que van a la iglesia
saben de lo que hablo cuando digo “No
te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para
hacerlo”, pero a decir verdad no lo hacen siguen en el camino del egoísmo
engrandado y aplastante.
Entonces tócate el pecho y trata de escuchar tu corazón,
busca el pulso y retorna a los buenos momentos, reconociendo que todos tenemos
un grado de obstinación y que este puede rectificarse con acciones honestas,
con recobrar la esperanza y saber que todos necesitamos ayuda.
Procura que las mañana sean amenas, las tardes
serenas y las noches de sensatas conclusiones, escucha con atención todas las
voces, no ignores los detalles porque ahí pueden estar las respuestas que
buscas, ten la manía de sonreír en todo momento, si hay contratiempos sácale
provecho para aprender y después expresar lo que te ha enseñado. No te agobies
porque no hay mal que dure cien años, simplemente busca la solidaridad que vive
en ti para tener días esplendidos.
No te escondas porque al final alguien tocara tu
puerta y tendrás que abrir.
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