Círculo vicioso.
Cometemos el grave
error de adaptarnos como los demás nos ven, nos arraigan costumbres, ideas,
imitamos conductas, pero llega un momento en que ese molde se rompe, te
detienes y comienzas a elegir esa identidad que te acompañara toda la vida y tendrás
que tener claro que todo es cambiante. Empiezas a construir ese amor que debe
ser leal, inspirador, fuerte para que no haya nada que te mueva de tu centro, las
críticas, los señalamientos, las opiniones siempre rondaran, pero debes de
estar convencido que es lo que tú quieres para ti y al final te debe valer un
bledo lo que piensen los demás mientras tus actos no lastimen a otros.
Tenemos que hacer un
ejercicio para que todo aquello que está en el inconsciente se vuelva consiente
y saber en qué fallamos, que cuestiones debemos modificar, que debemos alejar
de nuestro andar, detectemos que circunstancias nos estropean, que acciones nos
han dejado ciegos y no nos damos cuenta que estamos por un camino escabroso. Quizá
es lo que necesitas vivir para crecer, para acumular experiencia, quizá esos
riesgos te traerán placer, gozo, felicidad efímera y al final una claridad para
darte cuenta que hay situaciones que no se deben volver a repetir.
Agradece que estas
con vida después de tantas batallas consientes e inconscientes, celebra que tienes
esa posibilidad de respirar de comprender lo que estás haciendo, de continuar
con tus planes, de expresar lo que piensas, de priorizar tu tiempo. No busques
atajos que te lleven a la gloria y de repente te lleven al infierno, ese lugar
donde has conocido lo peor de tu persona, ese sitio donde la pesadumbre no te
deja conciliar el sueño, donde la pereza para hacer cambios es tan grande como
tus excusas más recurrentes. Trasládate a todo lo bueno que has realizado en
los últimas veinticuatro horas y reconoce todo lo que no te agrado para que
vayas haciendo los cambios pertinentes y necesarios.
Invierte unos
minutos para fortalecer tu amor, encuentra el sentido de lo que estás viviendo,
cuestiónate de forma irreverente, no escapes de lo que acontece con tal de
salir librado, recobra el ritmo de bienestar que te ha llevado a conquistar
metas. No difundas miedo, no discrimines, no violentes, no seas altanero. No destruyas
la bondad que corre en ti con actos maldosos y que no tiene razón de ser, cúbrete
de las piedras y ten en mente que saldrás victorioso.
Tendrás bien firmes
tus creencias religiosas y políticas, pero estas no deben ser un detonante para
discusiones interminables, estas no deben definir tantas cosas aunque en
nuestros tiempos definen casi todo. El respeto debe permanecer en todo momento
ante las perspectivas, los estilos de vida, las maniobras para continuar en
este mundo. Disfruta lo que tienes, que
la vida es sorpresiva y contundente, la vida es un suspiro, un parpadeo, un monosílabo,
la vida es aquello que muchos dejan pasar, esperando suceda algo.
Tú decides lo que
quieres ser. Tus elecciones te van dando forma y te van llenando de lecciones
las cuales debes de procesar para ser mejor persona y ser humano. Tú decides si
vives en lo clandestino, caótico y voraz o recurres a la paz, a la sensatez, a
la meditación de tus acciones. Cada quien es libre en este mundo lleno de
posibilidades y herramientas, si decides sufrir o decides amarte es cuestión de
un inspección rigurosa a tus ideales, sueños y realidades. Todos hemos pasado por el dolor, muchos no lo
reconocen y es cuando vuelven a enredarse en lo mismo de siempre y no hacen
nada para cambiarlo porque así están a gusto dando pauta a la adaptación de lo que puede
ser un círculo vicioso.
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