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Un gato de rayas.


Ese manojo de nervios cayó sobre la caravana de mis emociones entusiastas al saber que aquel agujero me tragaría sin compasión, parecía mi fin en este mundo de serpientes insolentes que amenazaban con matarme con su veneno. Trate de correr, pero tropecé y las turbulencias en mi ser comenzaron sin piedad y fui absorbido completamente.

Ahora me encuentro en un mundo donde  floto, entre flautas, violines, camas, sabanas, escopetas, libros, cristales, alfileres, tijeras, bocinas, cascos, neumáticos y una infinidad de objetos intrascendentes. Me siento mareado y confundido, de repente me encuentro aquí entre niños que me embarran de caramelo, delfines que tratan de decirme algo, un pequeño perro que me ladra y un hombre vestido de dorado me ayuda a seguir mi camino. Mis pies descalzos comienzan a tornarse color azul  y entre las cosas no hay una taza de café que me ayude a recuperar la temperatura.

Me siento cansado y harto, sigo flotando sin rumbo fijo.  De repente encuentro una fotografía de un pulpo con sombrero y un pelícano negro, la imagen me causa una risa incontrolable y asumo que mi mente ya no está carburando, mientras el llanto de un anciano me deja perplejo y me causa tristeza, intento tomarle la mano pero no puedo, quiero consolarlo pero descubro que estoy encapsulado entre todo ese universo inexplicable.

Mi desesperación comienza a subir de nivel, el pánico se hace presente, mis manos comienzan a dormirse y mis respiración no es la adecuada, pareciera que me faltara oxígeno,  encuentro un espejo y me observo, mis ojos se tornan rojos, mi cabello es totalmente blanco, mi boca esta al revés y mi nariz chueca, me he convertido en un ser irreconocible. Intento perforar la capsula mientras observo de forma nítida lo que pasa en el exterior.

No logro escapar. Los delfines comienzan a merodearme y hacen una especie de reverencia, los niños me entregan un ábaco, el perro me mordisquea la oreja y ese hombre con traje brilloso me hace unas señas extrañas. Mi confusión es enorme y mi inquietud es un verdadero rompecabezas. Las horas pasan y todos van desapareciendo mientras sigo anonadado con esta travesía ingenua. Mis sentidos están dispersos y no logro entender que hago aquí, cuando yo estaba en un parque desolado mirando las palomas y esperando a que la lluvia me sorprendiera.

Solo recuerdo que el viento me aventó hacia la jardinera de rosas blancas y cuando me di cuenta el agujero ya estaba ahí tratando de tragarme sin tregua. Logro su cometido pues estoy en este mundo de tonos grises y relámpagos intermitentes, donde la gravedad no existe y la razón es una mentira. Mi resignación comienza a transformarme en ese ser incomprendido e insensato, mi apariencia es indecente, mis pensamientos perversos, mi altanería es un síntoma de locura, no siento cosquillas, ni dolor, ni alegría, no encuentro la salida, no establezco comunicación con la realidad y la muchedumbre me tiene miedo. Por circunstancias insólitas en aquella capsula transparente aparece un gato de rayas amarillas y ojos rosas, que comienza a rasguñarme los pies e intenta jugar con mi intolerancia, me gruñe como si yo fuera su dueño y comienzo a perseguirlo con el afán de recuperar el sentido,  en un parpadeo vuelvo al parque y observo como las palomas me observan y los charcos reflejan mi aspecto escuálido, ecuánime, sofisticado. Reviso mis bolsillos encuentro unas piedras en forma de animales, unos cuantos caramelos y un dije en forma de astronauta bañado en oro. En ese momento dimensione que tan pequeño soy y que tan grandes pueden ser mis pesadillas o  mis sueños remotos.

Mientras las rosas blancas se marchitan en esa jardinera intacta.




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