Las heridas siguen sangrando.
La orquesta calla
repentinamente. Todo se torna triste, esas heridas que parecían sanas ahora
sangran de forma descontrolada, mis ojos arden, mis oídos reventaran, no puedo hablar.
No puedo mantener la calma, los pensamientos se convierten en un remolino cruel,
el cielo se va nublando y el amor es tan ambiguo como ayer. Duele la realidad, los
canallas solo sonríen cuando los increpan, las lagrimas han creado riachuelos
de gritos desesperados, lo agrio es una cucharada constante y que nos pasma
ante el sabor indescriptible.
Todos se detestan,
se quejan, se insultan. No hay ecuanimidad en este embudo de incertidumbre, donde
los sistemas están dañados, las expectativas se van marchitando, donde muchos
creen en lo prometido y otros están arrepentidos. Esa melodía de dulzura
termino intempestivamente, la furia despertó y las consignas no pararan, quizá no
te importe el sentir de los demás, eres un egoísta, un soberbio, un altanero, ese
corazón que llevas a todos lados es una especie de roca indestructible, te pusiste
ese impermeable y ahora desconoces la desigualdad porque la comodidad es tu pan
de cada día.
El fuego imaginario
nos alcanza y nos destroza. Cada amanecer es diferente, las noticias trascurren,
las desgracias van en aumento, los desafíos crecen, los discursos son tiranos,
los cambios son ilusiones, la unión es una apuesta con pocas posibilidades. Los
argumentos son huecos, los pensamientos están flotando en el azar de unos
cuantos, la discordia y la división es el pulmón que mantiene la sobrevivencia.
Se miran unos a otros, esperando que el mas talentoso hable, en un escenario
precario y lastimado por las ramas ingratas que han crecido sin esperanzas.
Pierdes el tiempo,
mientras otros se levantan intentando conservar, un puesto, un espacio y una
realidad insuperable. Date cuenta, que debes abrir los ojos, debes considerar que
ese tiempo que pierdes, no volverá. Las batallas están yendo de un alado a otros,
las frustraciones se mueven, las alegrías son efímeras, las aflicciones son
bastantes y algunas palabras son hipócritas. El asfalto esta caliente y es
testigo de las injusticias e imprudencias, que avanzan con indiferencia.
Mañanas llenas de
banalidad, de respuestas inoperantes y de chascarrillos insípidos, se
transportan a las tardes repletas de notas dolorosas, llegando a las noches de
conclusiones infructuosas, que solo hacen que la atmosfera sea densa e
inevitable. Nos despojan, nos contradicen, no hay una real conexión, nuestro
refugio son esos sueños intactos que nos esperan, pero que no recordamos por la
tensión que paciente nos vigila. Entender lo que pasa, es un ejercicio individual,
que a muchos nos les interesa porque les da miedo y no quieren someterse a la
angustia.
Aquel palacio es muy
grande y se sostiene de conceptos endebles. Ese palacio que resguarda sombras
que solo se asoman para pensar que todos son felices, los demonios del pasado son
los responsables del presente tan obscuro, eso dicen las sombras que solo
hablan de evaluaciones, de procesos, de reuniones, que hasta el momento nos tienen
en vilo. Los completamente felices son un ejército de engañados, que tarde o
temprano mostraran su rostro desencajado, esos crédulos serán los primeros en levantar
la voz cuando todo sea un paraíso a modo para esas sombras que necesitan luz
para poder existir.
Las heridas siguen
sangrando, no hay quien las atienda porque hay desabasto de empatía y orientación.
Nos estamos transformando en presas de la perplejidad, en hijos de la hecatombe
que busca el hacha para de una vez decapitarnos y que no suframos del hambre y
sed de todo aquello que necesitamos para progresar. Mientras hay que agradecer
porque tenemos la oportunidad de gozar una mañana soleada y tupida de
contratiempos, pero con la dicha de esta vivos.
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