Letargo.


He visto como las diferencias han creado distancias descomunales entre seres llenos de luz, he observado como los rostros se desfiguran al presenciar situaciones incomodas, he escuchado tantos argumentos con el afán de desprestigiar. Que necesidad de hacer discordia donde no debería de existir, solo porque pensamos, actuamos o sentimos diferente. He visto como esos puentes se derrumban por el simple hecho de no tolerar y no aceptar a los otros.

Al final cada quien actúa de la mejor manera que le convenga, cada quien cuida sus intereses y prioridades, cada uno de nosotros elegimos lo que nos hace proyectarnos de forma transparente y honesta. Tenemos la dicha de quedarnos con quien nos hace feliz, procuramos nuestro crecimiento y cuidamos esas relaciones que nos dejan frescura e intensidad. También la soledad se debe de disfrutar, porque en ella se reacomoda todo lo que somos, se distribuye y se canaliza la energía y se medita con cautela y sutileza.

Es valido dejar ir, dejar marchar esas esencias que no son compatibles. Formular un contexto certero de nuestra decisión, descartar que es un capricho o una absurda acción, estar convencidos de avanzar, de distinguirnos por encontrar un camino de serenidad. No tienes que dar explicaciones, pero debes tener claridad para no guardar dudas, no dar cabida a posibles rencores y malos entendidos, si vas a dejar que se marchen esas esencias, es porque no te aportan, no te brindan impulso.

Nos complicamos tanto, que no sabemos si son buenos días o buenas noches. Ten en cuenta que toda acción tiene una reacción, que todo lo que se dice repercute de alguna forma, que toda expresión es una carta de presentación. No retuerzas lo que aparentemente tiene rectitud, no quieras lastimar lo que esta sano, no quieras rasgar lo que está intacto. Mejor ten el valor de decir lo que piensas de frente y consciente de lo que puede suceder. Para que te envuelves en esa hipocresía que tanto detestas, no te quedes callado, atado a tus ironías, no te contradigas.

Esas interminables diferencias y resacas, seguirán dando vueltas. Rompe esa delgada línea entre el miedo y la valentía, libérate de todo lo que te asfixia y no te deja tranquilo, no absorbas esa toxicidad y vomita toda esa maldad que te revuelve las entrañas, quítate esos zapatos pesados y anda descalzo por el jardín que se encuentra lleno de insectos, olvídate de tus alergias y conéctate con la naturaleza del ser, que en ocasiones es un monstruo y un feroz lobo en busca de su presa.

La raíz de toda esta complejidad, radica en ese corazón que en ocasiones es insensato, en ese egoísmo que carcome nuestros pensamientos, en ese sarcasmo que nos hace villanos sin serlo, en es burla que se utiliza como método de convivencia y nos arrastra a descubrirnos como realmente somos. No caigas en la mentira con tal de caer bien, no seas parte de lo que tanto reniegas y huyes, deja de buscar la anhelada perfección cuando no quieres saber del dolor en ninguna de sus modalidades. Arranca de tajo esa enredadera que sin querer te ha atrapado porque la terquedad hace que te pongas en caminos intransitables.

Decide si te quedas o te vas, piensa sin prisa, que es lo que quieres, que es lo que dices y que harás en las próximas horas de tu prospera vida. Define para ti, que es bueno y malo, deshoja esa solitaria margarita y sométete al interrogatorio que tanto evades. No quieras mofarte de todo aquello que te mantiene despierto y al borde del precipicio, no quieras salir librado sin ninguna luxación después de una agitada e irreverente batalla para solucionar las infinitas diferencias que creas para evitar amar y quedarte todo el tiempo en un estado de letargo.


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