Le regateas al futuro.
Le regateas al
futuro para que no te ponga pruebas difíciles. ¿Qué haces en este momento? te
quitas las lagañas e interrumpes la quietud con solo mover tus fríos pies, después
miras el techo como si ahí estuviera el plan de este día, recuerdas aquella escena
penosa donde fuiste protagonista y quisieras poner reversa. Piensas en que
tienes que ir a la lavar la ropa, contestar ese correo que te fastidia la
serenidad, predomina la presión por hacer un universo de actividades, que sabes
no terminaras.
Muerdes el suculento
y helado panqueque que dejaste una noche antes, no te importa tu aspecto,
sigues inflando el templo con antojos y olvidando la vanidad, la salud, la
audacia de tus reflejos, que ya no son los mismos, estas pesado y tus pasos son
lentos, no puedes esconder lo acumulado durante todo este largo tiempo de cautiverio.
Estas en una zona segura donde las exigencias no existen, donde acordaste
tenerlo todo mientras haya una paz que a ti te convenga, que calamidad tan
abrumadora se concentra mientras el aroma a café invade la estancia.
Ya no cabes en esos
espacios reducidos y tampoco cabe tu felicidad ficticia, aceleraste el fin de tus
expectativas por correr unos cuantos kilómetros, ya no quisiste continuar con
aquellos licuados y menos con la dieta baja en carbohidratos. La cama tiene tu
robusto molde, no hay perdida de tiempo para adivinar donde te tienes que
acomodar y encapsularte en sueños imposibles, ya no debates con el interior,
simplemente te dejas llevar por los minutos que son valiosos para dar un sorbo
a la gaseosa y llevarte un puño de palomitas a la boca.
Las distracciones están
a la orden del día. Te conmueves con las
estadísticas y de repente ríes con un mal chiste, escuchas algunas melodías clásicas,
te sacudes con un poco de las notas en el periódico, consigues levantarte de
esa silla para servirte un poco más de café y sigues leyendo sin parar hasta llegar
al crucigrama que te tendrá un par de horas enfurecido. Ya pasan del medio día
y recuerdas de todo aquello que tenias que hacer cuando miraste el techo,
bostezas y te acomodas el pijama, te tallas los ojos como símbolo de aburrimiento
y comprendes que te falta esa exquisita gelatina con un poco de rompope, todo
es un caos alimentario y de indisciplina.
Es tan poderoso el
muro que has formado con base a la comida, que te sientes protegido, has
formado un bunker, no te interesa lo que digan o piensen de ti y en esas confusiones
también se ha perdido la autocritica y al amor propio. No te has puesto a
pensar si vivirás mañana o si podrás caminar siete pasos, dejaste de priorizar
el bienestar por la satisfacción momentánea. Evitaste encarar las consecuencias
y te refugiaste en el placer por consentir tu amplio paladar. Te tiras en el suelo y te concentras en las
probables soluciones ante de que llegue el motivo por el cual te has extraviado
y te has envuelto en un dilema de mordidas y digestiones.
Tu olfato te embiste
e identifica que en algún cercano lugar están haciendo unas ricas fajitas de
cerdo en salsa verde con nopales, eres un experto en eso de precisar ingredientes
con solo oler, los otros sentidos están bloqueados, la mente no tiene
oportunidad de procesar, el alma esta secuestrada y el corazón esta disminuido
por todo aquello que ingieres. Por eso le regateas al futuro, porque es incierto,
porque no sabes en que condiciones estarás para enfrentar los retos de toda índole,
vagamente sabes que no debes mover los labios ni para hablar, pero no lo haces,
y así llegara una noche mas entre los incontables intentos por levantarte de
ese suelo que es testigo de la guerra de destrucción y complaciente tortura.
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