Un sueño profundo.
Un sueño profundo
entre los horrores, así es como pasan los minutos y seguimos escribiendo afanosas
historias, que son un saco a la medida para quien desea ser protagonista. Si,
estamos vivos es para entender que tenemos una misión, una sintonía que debemos
compartir de forma puntual. No escatimemos, es momento de pensar en una renovación
que trascienda en todos los bordes de la existencia, si estamos en lapsos
obscuros, debemos percatarnos de la razón primordial que nos sacude y nos
tienta.
La realidad es una
pieza clave para seguir forjando corazonadas y discursos aptos para todos los
que nos rodean, la serenidad es la clave para que la paciencia no se escasee,
no te burles de lo que acontece, no sabes si estas a salvo de la geminación fatal
de eso estribos invisibles que deforman lo valioso y lo intermitente. Cuida la
integridad que te fue conferida, estruja esos cuerpos de colores, mezcla y diseña
un mapa de salidas oportunas, confiesa lo que te perturba y no te quedes en el silencio,
que te vuelve frágil. Sobrevives y todavía
buscas excusas para quedarte en la tangente, que es como una cuerda floja, no
quieres resanar ese conflictivo pensamiento, quieres continuar como si nada
hubiera pasado, necesitas seguir chupando la vulnerabilidad del otro, poniendo
una cara de sufrimiento que no es creíble.
Imagínate los
millones de neuronas que han quedado con ganas de seguir adelante, reacciona y
comprueba cuantas cosas hay en ti, que pueden ser un motivante para que otros
quieran despertar de la pesadilla, no vuelvas a las andadas egoístas, entérate que
puedes ser un ejemplo de astucia y paciencia. Aprovecha que tienes acceso al
umbral de los finales y los comienzos, puedes estar cansado, harto, ansioso,
pero en todos esos latigazos de confusión, hay un detonante que puede cambiar
el camino.
Las oraciones son un
símbolo de esperanza. Las personas se acercan a su fe, con tal de certificar un
milagro, cada mensaje se queda impregnado en el reto de los respiros, de las
insuficiencias, en esos parpadeos que quieren explicar emociones y solo quedan
en un acalorado momento de debates inconclusos. Los dolores son incomparables,
el aroma es inexplicable y las noches son largas como esas melodías lúgubres que
se forman con el canto de las aves nocturnas, el frio es imprudente y las manías
salen a flote con tal de engañar esos ojos vigilantes. Sigues con los desafíos de
carácter y de irrupción catastrófica, continuas con esas ideas erróneas y con
esa desconfianza que no te deja cambiar. La piel se va arrugando sin darnos
cuenta, nos carcajeamos, porque solo así nos avivamos y nos fijamos en los
detalles que ignoramos cuando según nosotros todo va bien.
No ocultes lo que
pasa, no quieras detener lo inevitable. Cumple con los deseos, recuperando la acción
para amar pase lo que pase, recobra esa sabiduría que esta dictada de forma
cuidadosa y sostente de los pilares que se construyeron con comprensión y
esfuerzo. Un sueño profundo es el que en ocasiones necesitamos para reposar y
descargar todas esas actitudes malévolas, un tiempo para sentir esos escabrosos
dichos y esos tremendos hechos. Necesitas que te pregunten cuando te has
dedicado a conservar todo en un sendero enigmático, recurre a esa lista de
intensidades y reanima la razón que por descuidos ha quedado en un vacío
horripilante y lastimado.
Los sucesos son una
palmada certera. Unas cuantas lagrimas caen para que la tierra se convierta en
un campo fértil. Las lecciones son un misterio, que nos revelan la verdadera composición
de las almas y de las estrofas que forjan esos cantos dulces y eternos.
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