Las pausas.

 

Despiertas en un paraíso. Te encomiendas al ser supremo y comienzas a pensar de forma ardua, por la mente te pasan ciento de ideas, quieres establecer contacto con esa paz que tanto resguardas y al final lo consigues, aunque sigue sin ver a aquel amigo que esta extraviado, la persona que tanto te desea ver sigue quejándose, esos momentos se van aplazando y haces una pausa después de todo el torbellino de sucesos que has venido experimentando.

La pausa es rendirte ante la posibilidad de escapar al edén que tanto imaginas en esas noches donde no puedes dormir, abrazas las almohadas queriendo sumergirte en una docena de aromas placenteros, pero solo consigues asfixiarte y desesperarte,  necesitas huir de toda las excusas que se inventan, de todos esos puntos inestables que son efímeros como el beso de un sueño insípido, no quieres saber mas de todos esos episodios llenos de miel y revoltura, quieres tomar una maleta para reacomodar una historia que parece incierta.

Sigues sin creer que en un abrir y cerrar de ojos estas en lo que parece un plan maestro. Estas sentado a la orilla de lo que es una franca respuesta a todo lo que has venido sorteando, ahí esta frente a ti la inmensidad que te persigue y que te da un fuerte abrazo, es infinito y te trata de explicar que fue la mejor decisión, perderte en sus enormes extremidades y gritar todo lo que sientes, regresar una vez mas al olimpo de todas tus dimensiones, al lugar al que recurres cuando hay una transformación. Un viaje que te dará una serie de respuestas que tendrás que descifrar rápido, porque es posible que puedan estallar y dejar monosílabos ingratos.

Las expectativas son amplias al sentir el calor del lugar que te cobija y te escupe cuando es necesario. Miras el sol sin temor a quedarte ciego, le pides una explicación sensata y algunas lagrimas caen sobre tus pies cansados y a la vez agradecidos por este recorrido inesperado, te das cuenta de que muchos ya no están por decisión propia, otros porque temen caer en un mar de turbulencias, tienen miedo a encontrarse un infierno y no poder salir a tiempo, quieren estar conviviendo con las mentiras tersas, con los argumentos descompuestos y la tiranía que marcha junto al segundero. Las cadenas se rompen y estás ahí en ese plano paradisiaco donde vuelves cada vez que hay buenas noticias y capítulos por descubrir.

La pausa no puede ser tan larga, porque hay muchos que siguen avanzando. Respiras y hojeas el cuaderno de notas, te das cuenta de lo invertido en todos estos años y en silencio te respondes con ciertas razones bestiales que te golpean el pensamiento, después retomas el camino por aquel malecón e instruyes al ser para que se relaje y no titubee. La nostalgia de pronto rebota por todos esos rincones salados, vuelves a llorar porque sigues esperando que el tiempo sea valorado y el presente se agradezca, pero es inútil mientras todos esos tentáculos invaden los orificios de cada ser humano que no ve más allá.

Eres energía y saberlo es un acierto. Sabes que hay historias que terminaran, que habrá puntos finales, que para regresar tendrás que despedirte, que para volver a besar esos sueños tendrás que esperar, que si quieres ser paciente debes de escuchar con atención, que debes de actuar con prudencia y propiciar la conquista de lo que por circunstancias inexplicables dejaste a medias. El paraíso te debe de impulsar para que abras esos ojos y pronto veas a los indecisos en el tiempo de pausas forzadas y merecidas.

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