Tienes deseos de princesa.
La ofensa te aplasta
y haces con ella un desastre. Das tus opiniones sin pensar que eres parte del
colectivo, que te encuentras en el túnel de lucha y versatilidad, donde los
atrevimientos son esos detalles que te tambalean y te escupen, después no sabes
sí aceptar o ponerte a rezar como cuando eras un niño, te confundes entre el
pasaje multicolor que te somete a los pronunciados pesares mientras tomas de la
mano al amor que te estruja sin que te des cuenta.
El discurso repetitivo,
de que te sientes avergonzado, humillado ante los actos inmaduros e insensatos,
ante lo carnavalesco y lo hiriente que puede ser para tu formación, entonces ocúltate,
quédate tendido en el suelo mientras acaba el espectáculo, piensa en el mundo
perfecto que te has creado, persígnate y grita algunos padres nuestros, relájate
pensando en que no tienes porque luchar, que eres privilegiado y que no eres
señalado, sigue fortaleciendo el escudo protector al que tanto te aferras. Entérate que todo ha cambiado, que la realidad
está llena de verdad, que todo es latente y palpable. Sigue deseando esos
cuerpos a escondidas, no pongas al descubierto la perversidad que llevas a todos
lados, sigue siendo el niño bueno y ejemplar, el que no rompe ni un plato,
sigue amando cuando nadie te ve, besa esos labios a medianoche, evita decir promesas
que se esfuman cuando la ofensa del colorido colectivo aparece para arruinarte lo
bonito y lo cómodo.
Tienes deseos de
princesa, pero quieres evitar ser parte del reino. Toma el riesgo de
manifestarte para que el odio no sea una constante, tira esas barreras que las
creencias han reafirmado, comprende que no puedes alejarte tanto de lo que se
mueve, porque en el fondo quieres finales
felices, quieres respeto, reconocimiento entonces si no tienes algo importante
que decir, guarda silencio y ubícate en el plano de la proeza, recuerda que vienes
de aquel arcoíris, que amas sin restricciones y que eres parte de una diversidad
aunque en ocasiones la terquedad de tuerza y te descomponga.
Algún día cambiaras de
trayecto, ese día donde encuentres la plenitud y no te importe lo que piensan
los demás, ese día donde la libertad de cobije y las palabras sean las apropiadas,
ahí aceptaras que eres parte de una fuerza infinita, no habrá vuelta atrás, observaras
que el brillo de esos ojos te ha seducido para encontrar la paz. Ya no te ofendas
deja que cada uno encuentre el sendero a su manera, respeta sus estilos, hagas
lo que hagas y pienses lo que pienses, eres uno más en esta multitud de
emociones y sentimientos, compartes tanto y no quieres expresar que es grandioso
ser como eres.
Deja que el orgullo
vibre y se expanda. Rompe los moldes, toma el lugar que te corresponde y libérate,
el mundo tendría otro estatus, sí el respeto fuera prioridad es decir si nos viéramos
como humanos antes de cualquier otra cosa, pero preferimos juzgar, condenar, enaltecer
lo que creemos fuera de lugar, el atacar sin antes reflexionar, elegimos veredas
circulares que nos llevan al mismo punto.
Así como elijes amar,
también puedes tomar la decisión de buscar un ambiente pacifico para que todos estén
a gusto, deja esos añejos discursos que no han servido para nada, la vida sigue
y todo es cambiante, date cuenta de que no eres el mismo de hace diez años y
que hay que abrir la mente para seguir gozando de lo que acontece en nuestra
vida. No vivas ofendido por lo que hacen los demás, porque tú también haces lo
que te venga en gana para ser feliz.
Comentarios
Publicar un comentario