Portafolios.
El señor Regino había dejado su portafolios a medio pasillo. Unos minutos
antes se escucharon unos gritos al otro lado del edificio cuando me asome solo
vi sus ojos perdidos y su nariz sangrando, le preguntaba qué es lo que pasaba y
el solo señalaba hacia las viejas escaleras, comencé a sentir miedo y busque los
números de emergencia, fui por el portafolios y me encerré en aquella oficina
de cuatro por cuatro para ese entonces Regino Valverde se había quedado
dormido.
La curiosidad era mucha entonces decidí hurgar ese portafolios, lo abrí con
delicadeza y ahí en interior había cientos de cartas y muchas prendas íntimas
femeninas, de pronto percibí un olor a cítricos, en mi tonta imaginación pasaron
los ganas de modelar alguna de aquellas ropas diminutas y leer una de las
tantas cartas, pero creo que ya me había excedido y preferí guardar silencio,
de pronto alguien toco la puerta de una forma peculiar, me asome con angustia y
era una mujer de mediana estatura, cabello lacio, ojos rasgados, dientes
grandes, cuerpo esbelto, me empujo y se dirigió al hombre inconsciente, que
hasta ese momento supe que estaba alcoholizado por tufo que expedía, la mujer lo bofeteo y lo maldecía con su voz
gruesa, después salió corriendo.
Regino Valverde reacciono y me miro de una forma despectiva, se limpio la
cara, se levanto de aquella silla y abrió el portafolios comenzó a oler prenda
por prenda, comenzó a leer en voz alta las cartas, de alguna forma comprendía que
todos esos textos fueron escritos por el amante de alguien, no podía creer que
Doña Josefa engañara al hombre que por veintisiete años se había esforzado en
levantar la perfumería que ahora era un imperio en la industria. No entendía nada, solo observaba como buena secretaria
hasta que se me acerco el hombre envuelto en lagrimas y me beso, no me resistí
a su salvaje acción, lo acaricie, permití que tocara hasta lo que en su momento
había olvidado que existía, era un sueño hecho realidad, estar con mi jefe en
un lugar tan triste y maloliente, dejándonos llevar por el momento de crisis y seducción.
De forma grotesca la señora Josefa estaba en la puerta observándonos, su
cara desencajada, sus labios entreabiertos, sus cabellos alborotados, no dio
tiempo de pensar que hacer, solo hizo cuatro detonaciones todas impactaron en
la espalda del buen hombre, ella me miro y después movió la cabeza y se marcho
muy quitada de la pena. Asustada me quite aquel cuerpo de encima y tome el portafolios
azul cielo con algunas gotas de sangre. Cerré como todas las tardes aquellas
oficinas y ahí deje al occiso, llegue a casa leí la mayor parte de las cartas y
descubrí que la mujer que bofeteo al respetado Regino, era Bernardo Colina, su
amante, un jovencito que apenas había ingresado en el área de calidad y que se
empeño en conquistar al que era mi jefe hasta hace un par de horas.
Mi desesperación hizo que me bebiera una botella de tequila y que por fin
posara algunas de las prendas diminutas, me veía tan bella, tan cautivadora, el
gusto no me duro mucho, porque la policía llego a mi domicilio, me trajeron a declarar,
soy la única sospechosa, nadie cree lo que les digo, de aquel portafolios nadie
sabe nada, desapareció con todo su contenido, creo nadie podrá salvarme de esta
injusticia y el desgraciado de Bernardo seguro ya esta muy lejos de aquí con
todo lo que le pudo sacar al ahora miserable Regino, la única que quizá sepa la
verdad es Doña Josefa, pero escuche que después de aquellos cuatro impactos, se
dio el quinto en el pecho al llegar a lo
que decía era su hogar feliz.
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