Los cupidos.
Los amargados caminan de prisa por la angosta calle, su indiferencia pulveriza
las expectativas de contar cuestiones graciosas, son entes que no tienen idea
de lo hermoso que es el amor en estos tiempos de confusiones masivas, sus caras
largas lo dicen todo, no tiene consideración por sonreír, no tienen el corazón para
detenerse a contemplar el arcoíris, huyen de los cupidos que andan sueltos, no
quieren saber nada de ellos y menos de sus flechas, ellos solo quieren perderse
en un mundo ingrato y estresado por los acontecimientos cotidianos.
Esos cupidos buscan a los distraídos, a los que maldicen todo lo bonito,
quieren que existan milagros, pero los intentos son inútiles, porque esos amargados
están controlados por instintos arenosos que al final dejan los sentidos hechos
rocas, no sienten, no quieren tomar riesgos, solo permiten que el aire los
invada para mantenerse de pie y continuar con su vida gris y malhumorada, los
amargados son así, solo buscan su placer efímero deseando cuerpos hermosos y
comiendo golosinas para averiguar que es la dulzura.
Cupidos desobedientes que no entienden los enfados del ser, solo quieren
ver al amor florecer en esos desiertos conformados por decepciones y dolores permanentes,
pequeños seres de luz que desean que los tristes conozcan la felicidad y recuerden
como besar, esos cupidos irreverentes quieren que el mundo este entre algodones
rosas y seducciones constantes, pero las almas obscuras no se dejan convencer,
son personas que solo creen en la rutina, en la cancelación del festejo,
piensan que la toxicidad es una referencia obligada y se resisten a ver la
gentileza de las personas, siempre encuentran la imperfección y se quejan de
aquellos que se muestran cariño.
Un mundo devorado por la insensibilidad, los cupidos se están quedando
dormidos en las esquinas, ya no quieren buscar esperanza, ni desean encontrar
el campo fértil para crear una maravillosa oportunidad de vida, las fechas que
siguen girando en cielo azul son tesoros que terminaran por generar amores
memorables con altas probabilidades de triunfo, los cupidos se están aburriendo
de tantas ironías y de tantos rufianes que solo quieren placer momentáneo y romances
desechables. Mientras los amargados proliferan, porque no saben trabajar sus
heridas, no superan sus batallas, se estancan en el discurso de que el amor no
existe o no es para ellos, se mantienen en una cuerda floja suplicando en el
fondo un instante de nuevas sensaciones, pero lo negaran con tal de salir
victoriosos en un mundo donde lo caótico es un instructivo obligado a leer para
sobresalir en un espacio lleno de ego y codicia.
La contradicción un mal que los cupidos conocen de forma categórica, les
causa risa las circunstancias de esos seres que denigran el amar y a la vez
ruegan por ser los elegidos, son aspectos que se mezclan en corazones
lastimados y ávidos de sentir como las ilusiones pueden ser un motivo para ver los
amaneceres de otra manera, pero en el fondo no quieren, no se permiten
establecer una conexión con lo divino, piensan que así están bien, que sus
presiones son suficientes, que no quieren sumar más conflictos a su trayecto,
que equivocados están, eso piensan los cupidos que de repente despiertan para
observar como el calendario avanza.
La amargura ya tiene su nicho de seguidores, son suficientes para envenenar
el camino con sus argumentos cretinos y monstruosos, son despiadados, van
cargando su pesadumbre, su historia revuelta, el desamor es algo que los nutre
para implorar la soledad como una salida fácil. El amargado observa a los
cupidos y se atemoriza, los cupidos se han rendido ante esa mirada nublada y
desentendida, para los cupidos no hay calles angostas solo anchos caminos.
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