No estoy disponible.
La fascinante decisión de no estar disponible,
de evitar la verborrea de un mundo de apariencias, de una muchedumbre que
voltea a verte cuando tiene tiempo, de un espacio aglomerado de cosas efímeras.
Me encuentro ahogado de nostalgia, del polvo de las erosiones de esas puertas
que intempestivamente se abrieron y sacudieron el capullo de los sueños que no
se han cumplido, siento como la cara me arde, mis labios se parten y mis manos intentan
tocar lo que podría ser un cuerda salvadora.
Me llegan los informes semanales que han
preguntado por mí, ya no me sorprende, ya no hay una reacción de asombro, no
hay ni una mueca de desaprobación, no hay ese interés por conversar y estallar
en una dialogo intenso, no hay ni un gato que maúlle ni perro que ladre, de
repente hay pájaros que cantan y que se estrellan en las transparencias de los
vidrios, solo hay una sensación de soledad, de inspiración casi caduca, de
besos fantasmas, de rezos incompletos, de párrafos que vomitan ego y de fotografías
que solo reflejan falsedad.
Dices que me extrañas, que necesitas verme,
pero tus buenas intenciones se quedan entre las telarañas que vas tejiendo con
cada contradicción que surge en tus ratos de ocio, prefieres asolearte junto a
las plantas del balcón, junto a esas orquídeas muertas y esos alcatraces
intoxicados por tus piropos vulgares, sigues esperando a que llegue el fin del
mundo y que las personas te digan que te quieren, eso no va a suceder, eso es
solo un fragmento de la incongruencia que consumes todos los días al sentarte
en el retrete.
A lo mejor imaginas que estoy enojado, siempre
has creído que es así, pero no, en verdad vivo en paz, mirando como las paredes
cambian de colores desde un blanco ostión hasta el anaranjado que me avisa que
es hora de orearse y de envejecer en la mirada de aquellos que están consternados
por lo sucedido, ya no se que pensar ni que decir, mejor me quedo quieto entre
el olor a café y los extraños ruidos que provienen del pasillo. No quiero contestar
las típicas preguntas, no quiero ser parte de lo superficial, ser el centro de
la conversación y ser escucha de las mismas historias, no quiero ver esos ojos
tristes y esas facciones de desconcierto, no quiero que me lleves a la inconsciencia
con la que amas, no quiero aferrarme al final feliz que tanto pretendes.
Simplemente no estoy disponible. Quiero perderme
en una playa de Cartagena o en la misa de seis de la iglesia de mi barrio,
quiero sentir como se derrite un chocolate en mis manos, quiero jugar a las
escondidas con mis amigos imaginarios, necesito comer con urgencia una cocada
de Acapulco y retorcerme de emoción al sentir tus besos en donde raramente
reposa la luz. Quiero caminar por las barrancas y quiero que regreses a la
vida.
Que triste es ver como muchos se desgastan
pensando en el futuro, pelando por cosas que son insignificantes, se queman sin
sentir ardor y menos dolor, elijen quedarse sobre una cama llena de clavos y
perseveran en una gloria fingida, es triste ver un centenar de nudos que atan
libertades extraordinarias y que condenan a los crédulos en bonitas jaulas de oro.
Tanta inestabilidad en el mundo me hace sentir
mareos, me hace correr a la madriguera que por años he ido construyendo, ahí me
escondo, ahí me consiento, ahí me abrazo como puedo y espero que suene la alarma
para repasar esas encomiendas secretas de los sabios y al final de leer elijo
no estar disponible.
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