Petrificado.
La ceniza volcánica me tapó las vías respiratorias, la nube era densa y la catástrofe
se sentía hasta los huesos. A medianoche se escuchó un rugir, pensé que eran mis
tripas en movimiento, antes de dormir percibí un ligero meneo, como vibraciones,
pensé que eran parte del nerviosismo y opté por fumar y después dormir. Eran las
cinco de la mañana un estruendo me hizo despertar no comprendía lo que estaba
pasando. Me levante totalmente desnudo, pues las noches han sido una replica
del mismo infierno, las patrullas se escuchaban por todos lados y aquello era
una película en blanco y negro, la noticia era que el volcán había hecho erupción
de forma sorpresiva y miles de habitantes estaban atrapados, en ese momento me ardió
el estomago y supuse que la administración del hotel nos avisaría cual era el
plan de evacuación, al final tuve que salir de la habitación e inspeccionar,
pero todo parecía un pueblo fantasma, era el único individuo en eso que parecía
una zona de guerra, la desesperación comenzó a ganarme y en ese momento la energía
eléctrica fallo, como pude salí a la calle y solo veía camiones militares con cientos
de personas llorando, un hombre me tomo del brazo y me aventó hacia la parte trasera
del camión, estaba asustado y desconcertado, la presentación de mi libro se había
terminado en ese momento, el anhelo que por dos años espere ahí estaba esfumándose.
Que terrible situación y que enojo tan grande en mi ser, que maña de tener el
sueño profundo en cuestiones de suma importancia, de la misma manera había perdido
una decenas de veces vuelos, reuniones épicas, entrevistas pactadas y ahora
estoy extraviado entre desconocidos, todo cambio en un abrir y cerrar de ojos,
mis ahorros, mi tiempo, mis expectativas están sepultadas y las esperanzas están
muertas como muchos, mis pies sangran, mis manos están manchadas, me imagino que
mi rostro esta irreconocible, espero que alguien me esté buscando o que me esté
olvidando al ver la tragedia, no lo sé.
Recuerdo que por la tarde llegué a la terraza adaptada como restaurante, me
encontré a un par de viejos amigos, tomamos unas margaritas y discutíamos sobre
las posibilidades de una erupción, los tres asumimos que era imposible, que la
montaña estaba dormida desde hace unos cien años, que era solo un bello paisaje
para tomar café y alimentar el ego viniendo a presentar proyectos e intentar
llegar a la cima de tan majestuosa arquitectura natural. Ahora mírame estoy
como desaparecido, estoy mareado respirando la ceniza y dando pie a la rinitis
que tanto he combatido, tendré que escribir esta aventura, si es que llego a
salvo a la localidad mas cercana, la ciudad ha desaparecido, tuve la suerte de
ser rescatado.
Soy un desconocido, del escritor medianamente reconocido no queda nada, me
lavo la cara de forma grotesca, quiero saber quién soy, intento conversar con lo
que queda del engreído ahora hombre empanizado y entender que somos parte del
polvo que todos los días respiramos, de ahí venimos y ahí volveremos, que nuestros
aires de grandeza quedan reducidos a un nombre y apellido, que por momentos la
vulnerabilidad nos encuentra para sofisticar nuestra sencillez agónica, parece
que la lava ha cubierto todo a la redonda y desconozco si estoy lejos del
peligro o moriré, nadie nos informa, solo nos piden que estemos tranquilos y que
pronto llegaremos a albergue.
De repente sentí un calor inusual y la mayoría gritaba, aquella masa roja
venia hacia nosotros, no teníamos escapatoria, comencé a percibir un olor indescriptible
que solo me causo horror, me detuve y arranque la hoja, avente el bolígrafo y decidí
regresar a la plática con el par de amigos como si aquí no hubiera ocurrido una
erupción, aunque este petrificado.
Comentarios
Publicar un comentario