Ofrenda.

 

El polvo me hace toser y me confundo entre la somnolencia y ese silbido que sale de mi pecho. Me incorporo con dificultad y peleo con la fuerza de mis pulmones, esa pesadez, esa resequedad que es inexplicable y esas amenazas de que un dolor me provocara una pronta resignación. Alguien esta fumando, es eso lo que me hace reaccionar y me vuelve un ser iracundo, no puedo respirar esa mierda, es una condena al diagnostico y el reposo se vuelve infierno, quiero descubrir quien se expone a la nicótica en este edificio viejo, pero la lista de responsables es infinita.

Quizá el vecino del cinco este en una de sus bonitas reuniones de jueves, esas que donde las risas son una orquesta desafinada, donde solo hablan de mujeres y sus incongruencias masculinas, o la masajista del dos que comentan que su trabajo es muy bueno, que sus manos son suaves y sus técnicas poco ortodoxas o que tal la del diez que dizque que es locutora y tiene una ardilla de mascota, cada uno de ellos fuma, los he visto hacerlo y yo un asmático resentido no encuentro  al gusano de cuarta que me esta jodiendo esta noches y me está matando.

Mi salvación es meterme al closet como mi primo Mariano y ocultar mi libertad y mi queja, ese Mariano que desde los dieciocho se salió de casa para sentirse dueño de la frivolidad, ser el mandamás de su vida y el sufrimiento de mi tía y de mi tío ni hablamos, ese cabrón resulto tener dos familias más y por supuesto era el típico machito creído hasta que un día se cayo de las escaleras en un hotel y ya no regreso. En este closet no entra el humo, es mi cabina de salvación, aquí he tenido conversaciones a solas y he confesado en varias ocasiones que Gilberta la conserje es la mueve las noches de una forma peculiar por las calles de esta colonia, nadie me cree, pero la otra vez escuche cosas espantosas, quizá estaba en el clásico trance de mis sueños truncados en medio de una crisis de falta de oxígeno.

Cuando tengo estos soliloquios, solo Enriqueta una viaja gata de peluche me escucha, me maúlla en mis delirios. La acaricio y juro que me rasguña, me la gane el día que conocí a Ramiro, desgraciado, maltratador, un día me dejo tan mal que en una semana no pude regresar a trabajar, en qué momento permití tanto, el amor insolente que me inventaba y que me tenía en un sometimiento incapaz de romper y de repente la fatiga comenzó a dejarme estragos, treinta años de mi vida trabajando en aquel bar y de un día a otro  una insuficiencia respiratoria cambio mi vida, ahora subsisto haciendo mis postres favoritos y saliendo al parque cercano a ofrecerlos y malbaratarlos.

En ese bar vi a tantos famosillos haciendo sus tranzas y proclamando que la vida es eterna, muchos ya están bien muertos, de repente los veo en sus películas y me carcajeo al saber que ni para tomar servían, que eran un fiasco de personas y unos envidiosos de su gremio. También conocí a muchos esotéricos, que me hicieron la maldad de ilusionarme y dejarme en la ruina de mis pasiones, eran puros cuentos los que me decían con tal de que les consiguiera una botella de wiski a mejor precio, mi realidad amorosa desvirtuada por lenguas que solo hablaban del futuro como si existiera. Alguna vez uno de tantos me dijo que moriría sin saber lo que es amar, que mi locura seria extrema y que sería tanta mi desdicha que anhelaría un poco de aire fresco, yo solo me burlaba y pensaba que era una tragedia improbable.

Ahora mírame aquí, intento escapar del humo que provoca el tabaco, porque es letal, es una cosa con la que no me llevo y me resguardo de lo que me puede matar y quizá lo que es tas leyendo fue ultimo que conté para que recordaras que debes respirar sin miedo y si tienes que salir de un armario pues hazlo, no esperes a que te recuerden en una ofrenda.

 

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